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El mismo día en el que por la mañana daban la extraña noticia de una secta de Uganda que decidió hacer una parrillada con ellos mismos como ingrediente principal, no sé si a falta de materia prima, o por probar nuevos sabores, texturas o condimentos, pero el caso es que luego no pudieron degustar la exquisitez del plato, ya que fueron tan burros que se olvidaron de que para ello tenían que estar minimamente vivos, un pequeño detalle que debieron pasar por alto, y es que todo el mundo sabe que nunca se debe hacer una barbacoa con uno mismo, es mejor utilizar a otros, y a poder ser que ya estén muertos, no sea que se les de por escapar. Pues bien, ese mismo día, hacia las ocho menos cuarto de la mañana aproximadamente, recibí una de esas revelaciones casi divinas que le disparan a uno la alarma y que me hizo olvidar inmediatamente de los ugandeses y su fracasada costillada. Bajaba una de las calles que me llevan al trabajo, cuando oí la voz de un hombre muy mayor, angustiado que llamaba a alguien -Carembé, Carembé, ven pacá ahora mismo, me giré inmediatamente creyendo que tras de mí estaba tan insigne personaje, jugador de futbol de no sé que equipo, pero cual fué mi sorpresa al pasar a mi lado una mierda de perro de esos que cuya raza no debe tener ni nombre, que para mear levantan la pata desde lo alto de la acera para no salpicarse... pero cuando no estaba repuesto todavía, el mismo viejo ataca de nuevo llamando Rivaldo a un segundo perro-enano. Tras este shock estuve toda la mañana dando le vueltas al tema ¿este hombre tendría un número de circo de esos en el que los perros son futbolistas? ¿o es que cuando gana o pierde su equipo el tio las paga con los pobres chuchos? Han pasado ya aquellos tiempos gloriosos de romanticismo en los que la gente llamaba a sus perros con nombres de personajes duros de cine, como Rambo, Rocky, Harry o Terminator, eso si que eran nombres, pero desgraciadamente ya están en desuso. Luego, a la hora de comer, cuando lo presenciado por la mañana ya dejaba de torturarme, me fui a comer como todos los días a un club de tenis que hay al lado de mi trabajo, donde se come de muerte, por poco dinero y si hace Sol, se puede estar al aire libre y con verde a la vista, es un oasis en medio de una zona industrial, pero nunca es todo perfecto, aquel día, unas marujas insoportables y gritonas se aposentaron a nuestro lado con toda la troupe de niños correteando a su alrededor en lugar de comer, que era para lo que en teoría estaban ahí -¿No podían hacer estos otra costillada a la ugandesa?- pense para mis adentros. Llegó un momento en el que la propia madre no aguantó más y llamó a grito pelao, con todo el volumen que le permitían sus pulmones a uno de sus retoños -Estefiiiii, como no testes quieta tarreo una hostia que te va a quedá tiesa. Aquella madre hostil había llamado Estefi a su hija ¿como se llamaban los demás? ¿John, Arancha, Jordi, Martina, Pit, Boris? Después de comer conmovido por la impresión me puse a investigar el tema de los nombre puestos a gente o perros por algún motivo especial, y descubrí varios casos increibles, como el de unos fans del cine de terror que pusieron a su criatura -nunca mejor dicho- el nombre de Norman (si, como el Bates) o el caso de dos hermanos, él Brandon y ella Brenda. Ahora están muy de moda poner nombres de dioses egipcios, pero lo mejor, fué una vecina mia que le puso Roberto a su hijo porque le gustaba mi nombre, pobre muchacho ¿que será de él?.
ROBERT MARTEX
9:00 AM
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