Hoy las alas no me sirven.
Están oxidadas.
Esta mañana, al despertar,
Me las arranqué con desdén
Al verlas cubiertas
Con una capa de moho
Que anticipaba
Este día cargado de nostalgias.
Hoy no deseo escribir,
Ni soñar ni tejer cuentos de hadas.
Hoy sólo pretendo dejarme mecer
En la hamaca deshilachada
Del tiempo inerte que impregna
Los días cargados de indiferencia.
Hoy, por no tener,
Ni siquiera tengo miedo.
Este día es una ola que,
Persistente, tenaz, incansable,
Acude cíclicamente a mi orilla
Para depositar en la arena
Unos ojos que ya no me miran,
Una autoestima que siente frío
En todas las partes de su cuerpo,
Páginas en blanco manchadas de hastío,
Un teléfono que arde,
Luces de neón que señalan el camino
Más corto hacia miradas frías
Como transeúntes urbanos,
Un ángel sin rostro,
Olores agrios,
Noches de infancia,
Cuerpos paralizados por el sueño
Al romper el alba,
Caravanas de turistas cansados,
El calor de una tarde de tristeza,
Moscas, grillos, mariposas negras,
Voces agudas de viejas gordas y chismosas,
A Charles Bukowski abstemio,
A Joyce inocente, a un Sísifo que logra
Descansar de su asfixiante condena,
Un autobús nocturno
Que recorre la ciudad bajo la lluvia
Preñado de despojos humanos
Saturados de alcohol e indolencia,
A una pareja que hace el amor
Sin conocerse,
El placer por el placer,
El vacío de la insatisfacción,
Una sílfide de corazón congelado
En un cuerpo pequeño y caliente,
El retrato a contraluz,
Agazapado en el resplandor anaranjado
De una farola en la noche,
De una Lolita tardía, rebelde e hipócrita
De curvas desangeladas y fuertes caderas.
Hoy recojo todo esto y lo extiendo
Delante de mis pies.
Contemplo esa masa informe
De deshechos, y todo huele
A la carroña de Baudelaire.
Mañana, tal vez,
O tal vez dentro de mil años,
Quién sabe,
Volverán las correspondencias.