Hace 50 años, Santa Cruz de la Sierra era una aldea que luchaba por desarrollo. Hoy, sigue luchando, pero ya es la metrópoli más grande del país, que pelea por asumir un liderazgo nacional. Entonces eran las regalías, hoy es la autonomía. Ambas son épocas de transición y despegue. Hace medio siglo cobró fuerza el costumbrismo, que reivindicaba los valores de esa pequeña ciudad de carretones y calles de tierra. El albor del siglo XXI, envuelto en aquello que llaman 'Globalización', con las fronteras físicas traspasadas por la magia de las telecomunicaciones, propone nuevos paradigmas. En este número iniciamos una serie denominada Ser cruceño en el siglo XXI, a propósito de las efemérides cívicas. Los músicos cruceños toman la palabra hoy. Balada, hip hop, folclore, rock, trova, fusión, reggae, reggaeton o música pop en general, no importa el género, los artistas locales jóvenes se van abriendo espacio en esta sociedad que crece económicamente a un ritmo vertiginoso, el cual parece ir arrastrando también al desarrollo cultural. Le preguntamos a varios de ellos: ¿qué es ser cruceño en el siglo XXI?, por supuesto, desde su óptica como músico. Pese a la diversidad de géneros, identificamos tres denominadores comunes: su creatividad está más enfocada en lo urbano, pero no en desmedro del costumbrismo, sino como un resultado natural de su generación. Segundo, aunque algunos incluso no son nacidos acá, se identifican plenamente con Santa Cruz y en sus variadas propuestas musicales, siempre hay un elemento relacionado con lo regional. Finalmente, son ciudadanos globalizados, con infinidad de influencias externas. Ronaldo Vaca Pereira, que encarna el proyecto musical Animal de Ciudad y también es sociólogo, lo grafica como 'la necesidad de comprar zapatos'. "Llega un momento en que uno va creciendo y necesita comprarse zapatos nuevos porque los que tiene le quedan chicos. Asimismo, el costumbrismo ya le queda chico a Santa Cruz y está buscando nuevas tendencias", señala. "El músico del siglo XXI no es ignorante de la cultura de otros países, se nutre de ritmos caribeños, de la televisión argentina o de música electrónica gringa". Alejandro Apodaca, cuyo nombre artístico es Doble A, admite sus influencias del hip hop, y a sus 20 años lo considera el género ideal para expresar sus inquietudes artísticas, pero la inspiración de sus canciones es esta ciudad. "Santa Cruz te inspira a crear. Influye la realidad social. La pobreza y la riqueza se entremezclan". Romina Mazó, cantante que transita los caminos entre el hip hop y el reggaeton, cree que su música es útil para trascender las barreras del regionalismo. Se siente identificada con Santa Cruz, pero también con Bolivia. "A través de mi música quiero dar mensajes de paz y unidad entre bolivianos". Y si hablamos de sus influencias musicales, no están precisamente en lo local, sino en el R&B, el rap y el hip hop estadounidenses. Para Vaca Pereira no está mal que existan estas influencias externas. Y si se quiere promover una identidad cruceña a través de la música, deben ser las instituciones las que impulsen la búsqueda de un sonido propio. Algo así como lo que hizo Carlos Vives con el vallenato o Gustavo Santaolalla con Bajofondo Tango Club. Un ejemplo de identidad local, pero alejada del costumbrismo, es Querembas, la banda de rock cruceña con mayor proyección nacional por el momento. "Nosotros dejamos de lado el costumbrismo", dice tajante, su líder, Ronald Subirana. Pero eligieron un nombre guaraní para reivindicar lo originario del Oriente boliviano. "No queríamos ponerle un nombre en inglés y pensamos en algo guaraní, al que se le da muy poca bola", cuenta. "Santa Cruz no termina de ser ciudad, ni deja de ser pueblo. Hay mucha mentalidad pueblerina y poca citadina. En medio se forman tribus urbanas, como la del rock urbano del que somos parte. Estas vivencias son las que influyen en el tipo de música que componemos", explica. Aún así, nadie desconoce el rol cultural del costumbrismo y de hecho, en rock, cumbia y otros géneros se han realizado versiones de grandes compositores como Godofredo Núñez, César Espada, José René Moreno o Nicolás Menacho, entre otros. Un nombre que ha transitado por los caminos del folclore y la música latina es el de Guísela Santa Cruz, la cantante cruceña, a la que muchos consideran como la sucesora de Gladys Moreno, y que se ha convertido en una de las máximas representantes de la voz femenina del oriente boliviano. La intérprete de El Guajojó e Imitación de hombre opina que la cultura cruceña está experimentando sensaciones disímiles, puesto que los ciudadanos se están adaptando a los cambios que trae la modernidad y al mismo tiempo manifiestan su deseo de rescatar las costumbres y tradiciones de antaño. "La efervescencia autonómica ha generado un fenómeno interesante, en el que la música ocupa un lugar especial. Todo es parte de un sentimiento y lo que se ve ahora es cosa de todos los días, ya no es solamente para la época de Carnaval que se resalta lo cruceño", expresó Guísela. En ese sentido aplaudió toda iniciativa que busque fusionar lo tradicional con lo moderno, "ya que la vida es evolución". "Mientras la gente se prenda y podás engancharla con nuevos ritmos, no importa si la música oriental se fusiona, más bien me parece que es positivo para atrapar a nuevos públicos", aseguró. De la misma forma opina José Miguel Lijerón, uno de los cinco hermanos que componen Oxígeno, la agrupación que en poco tiempo logró convertirse en favorita entre los adolescentes con una propuesta pop muy comercial. "Lo que quiere el cruceño del siglo XXI es lo mismo que quiere el cruceño de todos los tiempos: fiesta. En ese sentido, la música bailable, sea cual sea el ritmo, siempre tendrá éxito en nuestro medio. Lo que Oxígeno propone es eso, hacer divertirse a la gente y nos motiva poder compartir eso en los escenarios". De acuerdo con Lijerón, tocar una chobena o un taquirari en una versión más actual puede resultar atractivo para un artista joven. "Se ha demostrado que eso es posible porque muchos han incursionado en ese estilo, pero según mi parecer, se precisa de cierta madurez para llegar a fusionar folclore con algo moderno, porque no es bueno aventurarse", aseveró el joven músico. Andrés Barba es uno de los mejores ejemplos de músicos cruceños que ha crecido con el siglo. Durante todo este tiempo el cantautor se ha convertido en sinónimo de guitarra, romance y boliche. Esa experiencia le permitió mirar a Santa Cruz desde una perspectiva muy particular y comprobar que el cruceño actual, además de alegre, es ante todo romántico por excelencia. El cantautor ve a Santa Cruz como una ciudad que es permanente motivo de inspiración, "pues todas las cosas que emergen de ella producen sensaciones diversas". A ello atribuye que en la actualidad exista una gran variedad de estilos musicales que están pegando entre la población, lo cual califica como positivo. "A medida que una ciudad se hace más grande, más se trasforma y se diversifica. Yo respeto a los artistas que optan por ritmos de moda como el rap o el reggaeton, pero no es algo con lo que me identifique", aseveró Barba. Si hay alguien que conoce de estilos diversos es Matamba, el espigado músico de los dreadlocks en la cabeza y sonrisa ancha, que fue uno de los pioneros en introducir el hardcore a mediados de los años 90 con Contracultura y que con Zion se convirtió en sinónimo de reggae. "La principal característica del público cruceño en la actualidad es su apertura, ya no es un público que se queda con un solo estilo y se cierra a las cosas nuevas. En los últimos años han surgido corrientes alternativas y se está generando una cultura musical muy rica. Las nuevas bandas permiten obtener una visión más amplia del panorama musical actual y son reflejo de una sociedad que se adapta a los cambios", dijo Matamba. El artista celebra el momento que vive la cultura cruceña, y asegura que aunque haya quien piense lo contrario, la mayor parte practica la tolerancia. "Antes veían raro a los que escuchaban a Bob Marley, pues asociaban directamente su música con la marihuana, y no se daban cuenta que en realidad es una filosofía de vida. Santa Cruz es una ciudad revolucionaria, pero la revolución que predica es una revolución de amor; cada uno a su modo, pero no se puede negar que hoy se está generando una cultura musical total. Los músicos, por ejemplo, están tomando conciencia de que deben crear para diferenciarse. Ya no hay espacio para robar glorias ajenas, cada uno debe de creer en sí mismo".
Una nueva identidad Ronaldo Vaca Pereira / Sociólogo y músico Santa Cruz ha desarrollado un potencial económico a nivel nacional, está forjando un liderazgo político en este momento y esto arrastra también al desarrollo cultural. Se está buscando una nueva identidad cultural que es como cuando estás creciendo y necesitás zapatos nuevos, porque los que tenés ya te quedan apretados. El costumbrismo ya le queda chico a Santa Cruz, porque somos ciudadanos que nos nutrimos de arte a través de la televisión, somos más cosmopolitas. El costumbrismo tiene que ver más con el pueblerino hospitalario, que le muestra su cultura al visitante que no conoce nada de ella. Pero el cruceño del siglo XXI no es ningún ignorante de la cultura de otros países. Recibe influencias culturales de distintas fuentes y rescata lo que le parece bueno.Tenemos, por ejemplo, la televisión argentina, los ritmos caribeños o la música electrónica gringa. Entonces estamos en la búsqueda de una identidad más grande. Lo que sí, en el caso de los músicos contemporáneos, estamos rezagados en comparación con otras artes que se producen en Santa Cruz. Hay un festival internacional de teatro, otro de cine, de música barroca, bienales de arte, pero no hay un espacio en el que podamos darnos a conocer. Siempre he dicho que hay una pata coja en la cultura cruceña, y es la música. Eso pasa también por una decisión de las instituciones de apoyar el desarrollo de la música contemporánea local, en el género que sea.