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Círculo Pánico



Last Updated: 10/28/2009

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Monday, September 14, 2009 

Current mood:vuelvo al cole
.. .... ..
El olor a maíz era lo que todo el mundo, al pasar por Campredó, recordaba. Un pueblo emboscado por altas chimeneas que esputaban algún vapor travestido de azufre y, sin embargo, el maíz era lo único que recordaban. Nada fácil de explicar. Bueno, no tan difícil si se tiene en cuenta que en aquella tierra extraña habitaba con su pipa el viejo y meditabundo Julián el del Mas, de los del Mas de toda la vida.

Las historias hiperbólicas allí dejaban de serlo cuando Julián y su pipa regalaban bocanadas de humo de maíz a los transeúntes. Nadie conseguía recordar de Campredó nada más y nada menos que al viejo “del Mas” y su peculiar olor que teñía el aire de una extraña calidez liviana. Curioso quizás, pero no tanto si se tiene en cuenta que el viejo Julián de joven había conseguido demostrar la existencia del alma para bochorno de los más creyentes.

Es conocido por los menos exigentes que hace muchos años, cuando “el viejo” contaba 24 años, cuando todavía merodeaban por aquellas extrañas tierras lobos de 3 cabezas y la hermosura se medía con baladas varadas, nadie pensaba en nada más que en trabajar. Nadie a excepción de Julián; quien solo se interesaba en contar, una a una, las gotas del río que pasaba por delante de su extravagante maizal.

Las doncellas, solo las más inteligentes, se dieron cuenta en seguida que el eterno contador de gotas de agua itinerante era especial. Sí, diferente y eso les atraía. A pesar de la fascinación desorbitada solo una se atrevió a acercársele. En seguida le demostró que estaba en lo cierto cuando al intentar hablarle él se subió a una higuera para poder, según sus propias descripciones, estar a su misma altura. No importaba que nadie le entendiera. Él tenía sus reglas y a aquella chica le valieron y comenzó una bacanal de frases. La conversación, de una dignidad moral casi enfermiza, se desarrolló con total desorden tal y como era normal y tal come debía ser.

Pasaron los días y Julián no bajaba de la higuera. No podía porque la chica no se movía de su lado. Tampoco podía contar sus gotas de río porque la conversación que ella le regalaba era demasiado digna como para atender asuntos menores. Las noches se hacían añicos, cada vez más fugaces. Los días se apagaban una y otra vez, cada vez mas cortos. Bueno una y otra vez hasta que la perspicaz chica le pidió la mano.

El silencio se hizo carne e izó sus banderas hasta casi llegar al cielo. Julián que era cortés pero no valiente no sabía como quedar bien con la mujer sin perder, por ello su mano. Las miradas se cruzaban como si de balas en una trinchera se trataran. La única alternativa que veía el joven “del Mas” era regalarle su alma, cosa de la que sería solo capaz un chiflado.

Regalar el cuerpo era fácil, bastaba con no pensar y dejarse llevar. Por necesidad o por vicio, daba igual. Pero ofrecer el alma eran palabras menores, de una frecuencia tan baja que ningún humano sería capaz de escucharla. Julián se atrevió a hacerlo quizás porque estaba loco pero también porque creía que el alma era una invención, una mentira pequeña y piadosa sin ánimo de ofender a nadie aunque, al fin y al cabo, inútil.

La dama, cuyo nombre permanece en el anonimato por voluntad del ya viejo Julián, ni siquiera se extrañó por lo raro del asunto. Al contrario, su alegría se desbordó. De hecho y casi habiendo echado raíces después de los casi dos años de conversación seguida, empezó a correr alejándose de la persona que creía que más amaba en este mundo. Solo consiguió pronunciar: “Cuidaré tu alma”.

Julián permaneció en su árbol, temía empezar de nuevo a recontar las gotas de agua. También temía que el alma existiera y que si alguna vez ella se proponía destrozarla se le cayera a él una pierna o el brazo izquierdo. Que si ella sacudía el pote en el que él había depositado su espíritu a él se le rompieran los dientes o que se le descolocara el cuello. Tan ensimismado estaba que cayó de bruces al suelo. Su reloj se paró, su miedo se encabritó al volver a poner los pies en el suelo.

El alma existía, eso me contó mi abuelo Julián. No se lo contó nadie, ni se volvió loco, ni nada de eso. Descubrió que tenía alma cuando al caerse del árbol no solo estaba el pote que le había regalado a la joven si no que además había otro pote, el que sin querer él le robó a ella. Desde entonces solo me acuerdo del olor a maíz aunque otros olores acudan a violentarme. También me acuerdo de cuando me contó que en realidad en el río solo hay una gota de agua como en un cuerpo en realidad solo hay una alma, o quizás dos.
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Roman Aixendri Cugat, un loco a diez metros bajo cero y menos que inspirado, transpirado y pirado.




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pangea

 
Aqui ando subida a la higuera....
sin alma....
abandonada al olor del maizal....
el miedo y sus pretextos....

"El miedo ante la unión, ante el fluir hacia la otra parte. Entonces ya no estoy nunca más solo..... "
Kafka

La excepoción loca...

Un copo de nieve no puede existir en una tempestad del fuego.....


Pan... a 10.000m de altura sobre el nivel del mar.... aspira tocar el horizonte....



 
Posted by pangea on Tuesday, September 15, 2009 - 2:05 PM
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ura

 
y si el alma existe..y si el alma se regala..solo kedara de mi un cuerpo ke dar, por vicio o por necesidad

 
Posted by ura on Wednesday, September 16, 2009 - 3:33 PM
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Emanon
Emanon Emanon

 

 
Posted by Emanon on Saturday, September 26, 2009 - 4:33 PM
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Rosa Negra Guinardó
Rosa Negra Guinardó

 
Maravellós relat, feia temps que no tenía temps per llegir, pero si en tinc, sempre paso per la teva pàgina. Petonets maco. Salut Rosa.

 
Posted by Rosa Negra Guinardó on Tuesday, October 06, 2009 - 8:28 AM
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