Allá, a lo lejos, están los platanares de hojas
verdísimas. A medio día, cuando el sol te pega justo en la coronilla, las hojas
reflejan un rayo verde hasta el cielo. Cuentan los campesinos que durante el
proceso de recolección abundan entre los plátanos unas pequeñas arañas de color
blanco, translucido. Difícil es notar cuando estas pequeñas arañas brincan
hacia la ropa, son tan pequeñas, tampoco puedes saber cuándo te han picado. Lo
que sí, es que te empieza un sudor helado por el pecho, luego vienen espasmos
violentos y al final la muerte, se dice que estas arañas son muy venenosas. Yo
no creo estas historias, porque sé que por esas regiones sólo existen dos
arañas que pueden matarte, una es la viuda negra, otra es la parda reclusa, la
segunda es más peligrosa que la primera. Si te pica la primera es probable que un
baño caliente apacigüe la fase inicial de
la toxina, si tu cuerpo es fuerte tal vez sobrevivas sin el antídoto, es
decir, tienes una posibilidad. Si te pica la segunda, y sobre todo si te pica
en un pueblo tan pobre como el pueblo de donde yo vengo, la única certeza que
tienes es que vas a tener una muerte lenta y dolorosa, te recomiendan tomar
aire, descubrirte la nuca y mojártela con un trapo húmedo mientras la muerte
llega. Si una parda reclusa me picara probablemente te diría que fuéramos al
cine y ojalá que estén dando una de Cantinflas.....
....
Anoche
había una neblina muy extraña por las calles de esta ciudad, regresábamos en el
taxi, toda la tarde había pensado en suicidarme lanzándome del piso 41 de un
edificio hipotético, así nada más, saltar contra los vidrios sin dejar nota
alguna. Íbamos en silencio y después dijiste : -“estoy empezando a odiar esta
ruta”-; sonreí, y sin voltear a verte contesté. –“yo estoy empezando a odiar mi
vida” – tú, sin voltear a verme tampoco dijiste- “¿apenas?”-. Sonreí otra vez,
ahora en silencio, mientras pensaba en si molestarme o dejar aquello a un lado
en el lote de las cosas que me dan lo mismo, es probable que con un baño
caliente pueda disipar la primera, pero la segunda no tiene remedio, es una
muerte lente y dolorosa. Pero ha amanecido y no te he invitado a ver ninguna
película todavía. No hay nada malo en ello, sonrío, te amo.