- En el primer Festival de la digna rabia confluimos en espacio y tiempo compañerxs de diversos lados del país y del mundo. Shirley (Colectivo Cosma damian)
- Digna Rabia. Mariana (Barrios con Arte y Cultura BACU)
- LAS CUATRO GEOGRAFIAS DE LA UTOPIA. Waldo (individual)
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En el primer Festival de la digna rabia confluimos en espacio y tiempo compañerxs de diversos lados del país y del mundo.
NOTA: Que ondas, pues yo había escrito esto para el informe, pero no sé porque no lo lleve....!!!!!... pero aquí te lo mando para compartirlo con l@s demás, un saludo,
Shirley:
El aliento que animó al caracol hecho viento nos trajo hasta este primer festival de la digna rabia. Aquí confluimos en espacio y tiempo compañerxs de diversos lados del país y del mundo , por algunos días convivimos,dialogamos, pensamos, escuchamos, soñamos, bailamos y nos alimentamos juntos, reconociendo que nos hermana la digna rabia de nuestras luchas ya no sólo en las comunidades zapatistas del sureste mexicano .
Festejamos y sigamos festejando que somos diferentes, coincidiendo en nombrarnos compañerxs de lucha digna y rabiosa en diversas lenguas, con distintos nombres, formas y colores, según lo marca la geografía colectiva e individual. Las ausencias circunstanciales de compañerxs, de nuestros presxs y nuestrxs muertxs, nos hicieron presentes en todos los mundos y en todos los tiempos. La palabra semilla, germinó en nuestro pensamiento, obligando a los múltiples espacios y relojes a declarar tregua bajo tan colorido cielo.
Queremos compartir la palabra semilla de nuestrxs compañerxs indígenas del país y del mundo, para que la podamos depositar en la tierra, luchando para que los astros, el viento, el agua, los animales y nuestras manos, la nutan r y protejan contra la rapacidad de esa muerte gris, disfrazada de civilización moderna y desarrollo. Sólo así ,algún día, le nacerá la flor a la digna rabia que germina entrelazándose.
El virus que la amenaza y con ella, a todos los mundos posibles, tiene como síntomas la competencia, la rapacidad,codicia, arrogancia, el despojo y desprecio, que han permitido la explotación de nuestrxs hermanxs y de la madre tierra que nos parió, esa enfermedad generada y transmitida únicamente por la especie humana se llama capitalismo, su cepa crece en el pensamiento único, que para lo único que sirve, es para etiquetar e imponer un precio a todo lo que existe. Pero nosotros sabemos que ni nuestras vidas, ni nuestros sueños, ni nuestra madre estan a la venta, por lo que unimos nuestras voces y reiteramos no nos vendemos, nos rendimos, no claudicamos.
Por eso nuestrxs compañerxs son nuestrxs maestrxs, con los que aprendemos a respetar, a hablar y a escuchar, pero también y sobre todo a luchar y a resistir, guiados por las las palabras aladas que brotan de las raíces profundas del corazón moreno , caracol que nos convoca a vivir la autonomía,
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Digna Rabia.
Caras, miradas, ojos, luz… Un vistazo al primer encuentro de rabias, de luchas que se entrelazan en el lienzo charro. No puedo dejar de pensar en los promotores y promotoras, los niños y las mamás de corazón de barrio, no puedo dejar de lado el hecho que nadie pudo venir. Me oprime el corazón pero me aliviana la razón.
Para llegar necesitaba caminar unos metros mirar de cerca la imponente cabeza de Juárez y pasar unas casitas de cartón (que sé, quizá están ahí desde el temblor del 85), se oyen voces, pasos y siento la tierra entrando por mi nariz, la puerta es amplia y lo primero que veo son puestos con miles de anuncios, el lugar es bastante grande y muy bien organizado, a la izquierda un templete y sillas para las conferencias, al fondo el pequeño cine y en la parte de atrás los colectivos organizados por calles, a la derecha los escenarios para el teatro y música.
Encontrarme en ese lugar con los trabajos de los niños en la mochila y sus abrazos en el corazón me da fuerza para acercarme al puesto donde están los colectivos de Baja California, gente conocida y muchas caras nuevas, me reciben con una sonrisa, la verdad yo estoy ansiosa por recorrer el lugar.
La Digna esta en todos lados, luchas de todos tipos, me motiva, me da ideas pero a la vez me derrumba, no deberíamos de reunirnos para esto, años de lucha, de hambre, de muerte y el terror se apodera de mi. Todos me explican su proyecto, todos son interesantes, al fondo veo una bicicleta adaptada para ser una licuadora, las ideas y la paz vuelan por todo el lugar.
Decido quedarme sentada en el puesto para que los demás puedan dar vistazo por el lugar (Lamentablemente no traigo micro o video, solo una pequeña cámara de fotos) y los demás están preparados para ello. Mucha gente camina por todos lados, muchas sonrisas, mucho ánimo para todos, de pronto un chico se acerca y titubeando me pregunta si hay alguien de BACU, respondo que si, yo vengo representando a BACU, me sonríe, me da la mano con un cálido apretón y me dice: “Venimos a buscarlos porque BACU nos inspiró a seguir en la lucha a través de los niños” Me brilla el alma, venir de tan lejos y saber que independientemente de la manera la lucha está presente no importa la raza, clase y en este caso barrio.
Aprendí mucho, entendí muchas cosas y escuché mucho más en las conferencias, un ponente que habla del capitalismo nos dice: “La crisis económica es una victoria para nosotros, quiere decir que hemos ganado, el capitalismo ha sido golpeado, y ese capitalismo que existe es el que todos traemos en la mente” Ahora yo sentada me doy cuenta que es el momento de iniciar otro tipo de lucha y esa lucha es conmigo misma. La propuesta: Trabajar, ejercer, convivir, hacer el trueque, sembrar. El pueblo Zapatista nos ha mostrado que el capitalismo no es su estructura social, pues hay otras formas de organización que implica otra forma de vida, no pelea con el capitalismo, defiende su sociedad. Mi formación social me oprime, ya esta caducada y debo seguir luchando hombro a hombro.
Regreso al puesto y los demás colectivos empiezan a hacer el trueque, es difícil vender las cosas que traemos, pero nadie quiere llevárselas, no es justo regresar con los libros que con tanto amor hicieron los niños de BACU, y con los trabajos que hace cada colectivo.
No tengo letras solo corazón, estos tiempos han sido harto difíciles, sin embargo estoy aquí y fui a Digna Rabia, pero más que eso, fui con muchas esperanzas, con muchas luchas, yo estaba escuchando y representando, en mi barrio estaba mi corazón despidiendo a Don Toño, pero este es el lugar y momento que me tocó vivir. Gracias a todas las calurosas manos que sostuvieron la mía, gracias a todas las palabras de amor. La Digna Rabia no es un festival, no es un evento, la digna rabia es la luz perenne que guía nuestro camino.
Mariana
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LAS CUATRO GEOGRAFIAS DE LA UTOPIA
a una golondrina disfrazada de paloma
Remé de orilla a orilla, tácitamente,
algo de mi hermano bullía sigiloso en mis adentros.
Con la quilla abierta entre el ramaje de luces que nos aventaba el sol.
Con lo poco que tengo y lo pequeño que en veces me quita las ganas.
Fui partícula del viento que trae entre sus tesoros
la palabra primera antes del verbo.
Primero el desierto y sus ejércitos de espinas,
dura roca para llamar a la flama matutina.
En vez de luna bullicio de estrellas,
con las sombras leyendo sobre la palma de las oscuridades
lo que se develaba frente a mis ojos sangrando de sorpresa y bermellón.
Con mi buche de silencios tendía un puente hacia el estremecimiento del alma.
Sin nada que delatara mi indiferente procedencia, el atajo de diminutas ideas
que guardo en mi alforja de cuero café.
Respondía al llamado de la caracola.
Tanta insana porquería.
Tanto despojo y resquemor, las tres mejillas rotas.
Tanta tropelía e inocencias rotas;
Acechantes del caos: el precipicio del fin.
El detonante aguerrido, la sangre derramada,
el exterminio como refranero de cada mañana o anochecida
y allá iba…
Dada mi inclinación al movimiento indigenista, decidí participar en la caravana de solidaridad dentro del primer festival Mundial de la Digna Rabia, convocado por el EZLN (Ejercito Zapatista de liberación Nacional) y de esta forma festejar sus 25 años de su fundación, 15 desde su primera incursión en el espectro social al tomar varias ciudades del estado de Chiapas el primero de Enero de 1994 y, de pasadita tumbarle el ilusorio escaparate comercial a carlos salinas, (las minúsculas son a propósito aunque se enoje la computadora) el mero día de su ascensión internacional. Cansados de la indiferencia y arrogante actitud gubernamental, Artos de tantas injusticia, tanto despojo en un extenso relicario de exterminio y olvido en más de 500 años. Había decidido, un puñado de indígenas mayas, declararle la guerra al Ejercito Nacional Mexicano. La primera gran locura Postmodernita. Los más olvidados, los más lejanos de nuestro inconciente colectivo, los espíritus que habitaban las páginas del chilam balam se materializaban, irrumpían en la palestra social con una determinación a vencer al olvido que chiquito les parecía el estado Mexicano con sus ejércitos y utilerías. Habían apostado a la rueda del tiempo, si no fuese su tiempo, verificarían con el reloj ese otro tiempo, su propio aniquilamiento, un poquito más allá de su muerte. Pero lo inimaginable adquiría cuerpo, la profecía incrustada por obra del espíritu y del cincel se develaba. De todos los meridianos volteaban la mirada, una solidaridad espontánea brotaba en todas direcciones: las barriadas y quintos patios se solidarizaban, los gambucinos de las distintas geografías recogían sus bártulos y se hacían a la mar, los que ya no tenían espacio en el tablero del surrealismo social gritaban conjuros, los desahuciados por el falso equilibrismo neoliberal, encontraban un nuevo motivo de vida y de luz, entre ellos yo.
Dada mi tendencia esteparia a la soledad, he venido colaborando desde mi muy personal trinchera y no por ello fuera de la jugada con lo que mejor creo se me da: esculpir la roca con palabras. De modo que he participado en apoyo al EZLN desde 1994 y actualmente soy adherente a la sexta declaración de la selva lacandona y colaborador eventual con la Otra Tijuana De modo que decidí pasar el año nuevo 2009 en territorio Zapatista: Oventik, Chiapas, territorio autónomo y en rebeldía. En el DF, los tres previos días y en San Cristóbal de las Casas los cuatro posteriores.
Los hijos del maíz,
los que se esconden en el silencio
y hacen de las palabras otro cielo,
son de los que habla la profecía.
Otro espejo
se esconde en el árbol de magnolia,
refracta el contoneo sensual
de la estrella de la mañana;
dice de su sueño
y sopla sobre la selva
una bruma que aconseja a las cañadas.
Doce
compas de Baja California pudimos ser cómplices en tiempo y espacio del rugido de la selva al cambio de su piel. Un tiempo remoto se reflejaba juguetón en el río Grijalva, dibujaba en papel amate un nuevo código para descifrar la rabia escondida entre la piel de un jaguar negro y las plumas del quetzal. En Azcapotzalco los últimos días del año. Entre las conferencias, los conciertos; la banda, los de abajo, los de pelo verde y el puño izquierdo en alto. Diversas geografías oteando al sureste, esperaban
la voz de mando para volar a diferente cielo, a diferente primavera, con musgos y ceibas
grafiteando al silencio que ya se quitaba su mascara ancestral; mientras tanto el polvo de una danza posmodernista dibujaba en el cielo azul, sin nubes albureras, el ritmo de otra juventud buscando una salida a la abollada y marginal realidad. El panteón rococó, el palomazo fraterno, las cadencias y el Slam, la banda y su conurbana alegría y su rabia, su digna rabia tan a la altura: sin drogas ni alcohol. Con actitud de guerreros.. Todo el caudal de la creatividad de un pueblo diciendo con poesía, con danza, con Hip Hop Huasteco, con violín Huichol, con batucada del de efe, con solitarios cantautores de la UNAM , de Atenco, de la frontera del imposible, todos afinado a un “Ya Basta”. Con performeros, lisonjeros, artesanos, maestros y maestras de diversas luchas, había ancianos y niños en la guardería infantil zapatista, con juegos, risas y piñatas. Con Películas, documentales, denuncias en dividi. Cada rincón escondía alguna pastorela revolucionaria o un sentimiento de esos que aprietan algún recoveco del alma. Ahí estuviste tú. Recogiendo de las horas altas de la noche diversas añoranzas de algunos tiempos que tan cerquita se ven en la distancia. Un tipo diferente de abuela siempre verde. Dos o tres bandas en diferente escenario simultáneos hacían que la moneda decidiera norte o sur. Tantos diferentes, y tan comunes, con la tirria metida en la sangre, con de dolor de otros árboles a separarlos de sus raíces. Arribaban al evento como llegaríamos todos a la tierra prometida. Arribaban los titiriteros, CLETA en sus zancos y sus cachorros, los transexuales con conciencia de hermanoas, los que han sido torturados en el potro del tormento, los desterrados, los que exhiben sus heridas y le dan la vuelta a la hoja de ese otro calendario. Todos los excluidos, los incrédulos que señalan con el índice en su libro sagrado el momento de la expiación y la multiplicación de los peces, los señalados y burlados, los que se visten de negro y se perforan la piel, los payasos de Venecia y Tepito, las hermanas desconocidas, los ancianos sabios que sonríen con un reflejo tan parecido al silencio.
Era la hora del primer viento y el gran espíritu lo sabía.
Tuve que ser selectivo, tanto a ver, palpar, sobre todo el escuchar al diferente, al que no refleja en su indumentaria las heridas victoriosas del olvido, el polvo que hermana, el polvo de muchos ancestros, atrapados en el viaje sideral de nuestro planeta azul, codo a codo en la quilla, para romper al viento, para atrapar la lluvia que sobrevive gozosa, para aprender a sonreír cuando el tiempo es muy otro.
Tres días en el de efe para meterlos de lleno a una hoja de papel, con sus desparpajos, con sus lágrimas y cadencias rotas, con su tanto que decir que ya rompían los labios en gélidas madrugadas de soledades y cucuyos circulares. La ciudad más vituperada de México, lejana y pizpireta abría sus alas, recogía con materna somnolencia a muchos otros hijos que vagaban entre otras realidades. Tanta rabia en los pliegues del delirio, entre la incredulidad y petulancia, entre el poder y su propia ruina, abría sus pétalos. Su perfume confundía los caminos errantes, los que no conducen a ninguna parte, saboreando el sabor del viento en noche clara, herida con un puñal de cuarzo para insertarle un pedacito de luna nueva.
Yo en tanto, absorto, viendo como del viento se nacía lo incierto, lo inesperado, como cuando los caminos se vuelven abruptos y voluptuosos, justo cuando el pelo empieza a cambiar de color y el espejo parece que miente. Así brincó la chispa, que nadie sabe de donde chispeó, directo al centro de la llamarada. De un lugar remoto se nació lo que se canta. Pareciera la danza de las cuatro lunas en vez de seis. Como un nacer en el renacer, haciendo más tersa la cuesta que se avecina con sus barruntos de sin sabores y el pronostico del tiempo con el agridulce ardor de huesos. Ahí mero nació otro tiempo, con sus relatos de gitana y viajera de estrellas, con sus manos para detener el tiempo y esconderlo en un cofrecito donde guarda la foto de una anciana. El viento primero soplo sobre la braza. Acarició su fuego virgen y continuo su travesía con alma de golondrina. Los tiempos dijeron “así son las cosas”. Fui, con el viento primero, pedacito de algo que nace, algo más cercano al ser humano, algo que dice que sí a la vida, que se apuesta lo que resta al sueño de lo que siempre ha estado ahí, guarecido en su silencio, dispuesto a pelear contra las hojas sucias de ese otro calendario de un mundo al revés.
Laberinto para despistar al tirano, se escucha
Luciérnagas para iluminar el camino, izquierdo y sentido
Penas muy otras de diverso linaje,
para colorear un ¿De qué nos tienen que perdonar?
y ahondar en la selva sus hechizos y deidades pétreas.
Mapa verde del cielo, su epopeya
de celestes arpegios,
ruta en el Tam Tam de las hormigas
a la hora cero prometida, la hora del despertar.
Dice la profecía.
SEGUNDA GEOGRAFIA Y CAMBIO DE PIEL
Dicen los que saben que la tierra antes de ser bonita fue un pegoste de fuegos
sin ton ni son. Tuvo que venir el agua chiquita a pedirles a los tiempos que dejaran para tiempos mejores sus corajes de encorajinarse. Las cosas de cosas que traían algunos vendavales decían la misma cosa: “que los tiempos del tiempo nuevo empezaban a florecer bajo los cenotes”. Pero una cosa rara, de esas que enchinan el alma estremeció bien estremecidamente a las semillas del color, las puso en peligro pues.
Se llamó a consejo. De todos los rumbos y veredas vinieron las voces, las voces que decían, las voces de las cosas buenas, de las que sirven como verdades.
Se dicto un dictamen a la palabra. Todo estuvo resuelto. Si cuido de mi luz alumbro mis pasos y se les da forma a las oscuridades.
El mundo se volteo al revés y los tiempos se despostillaron en un espejo inmune a los instantes.
Dicen los que saben de saber bonito que la palabra se despertó el año cero llena de mañana y aroma de madreselva. Miró abajito de los maizales y dibujo en el aire al primer dios. Entre los dos, el primero dios y la palabra con sus manos entrelazadas crearon el barro para sembrar la semilla primera del maíz. De ahí venimos todos.
LA GEOGRAFIA DEL CUARZO
“¿Existe un derrotero teórico que sirva como explicación lógica de la lógica del zapatismo?
Sin duda el nivel teórico marxista leninista en su naufraga consecuencia ha tenido algo que ver con el movimiento indígena, solo que no ha sido su rector ni su reactor, sino un nuevo capitulo en la espiral infinita del saber, dándole a la ciencia del conocimiento una nueva forma de caminar, ahí incluso donde el espectro indigenista simplemente no existía.
Un elemento nuevo caracteriza la biosfera zapatista y esa es la integración de la multiplicidad de luchas en un solo sueño”. Reflexionaba viendo a través de la ventanilla.
En tanto15 autobuses formaban la caravana al caracol de Oventik de frente ante la humanidad. Los voluntarios del evento, hojeaban, revisaban, cotejaban, nos enfilaban a los autobuses, afables y casi siempre con una sonrisa en el rostro. ¿Los de Ciudad Juárez vienen con los de Chihuahua? Los carteles del festival en el frente de los autobuses y con tinta blanca EZLN y el número correspondiente. Ahí dentro el joven espíritu en forma de bolero y un chofer respondiendo el ataque frontal con el breve espacio de Pablito Milanes. La noche revoloteaba entre el trajín de una ciudad que ya no cabía en si misma. El paisaje de luces y sombras en la ventanilla poco a poco se llenaba de sueño.
“Sin duda Carlos Marx se hubiere entusiasmado al ver un movimiento tan singular, apartado de los cánones que conforman la estructura teórica del Marxismo y siguiendo un camino que data de los ancestros”. La fraterna bulla, de los que se consideran miembros de una tripulación intergaláctica, empañaba los cristales de las ventanillas, donde, al ritmo de las luces, aparecían y desaparecían rostros fugaces. Reflexionaba en el extraño magnetismo que el neo zapatismo ejerce y nutre a todos nosotros y a una diversidad de organismos y movimientos antisistémicos. Desde movimientos ecologistas hasta movimientos que por su naturaleza ética no encajan en la estructura social del capitalismo como son las trabajadoras sexuales, las que en más de dos ocasiones me dejaron con el ojo cuadrado, al conocer de sus luchas y su organización a nivel nacional y su decisión de adherirse a la otra campaña de los hermanos zapatistas. “Quizás la comuna de Paris”; con su grito de rosas, con su champagne de amplios valles, con su guillotina para destrabar la historia, con todo lo que le sucedería en el marco de las crisis coyunturales en el actual modelo económico elegido para nuestra desdicha, seria su prima hermana en la distancia, solo que aquí, en las comunidades zapatistas diversas comunas se hermanan, creando nuevas rutas, para entretejer en el futuro de los vientos, su destino, y sobre la manta de la noche bordada con hilo de plata muchas diferencias en forma de estrellas.
De alguna manera me sentía destello del cuarzo. Fragmento de luz abigarrado de un verde al alo rojo sobre un pedazo de instante; destello que al jugar con la pupila se desvanece en un reflejo que quiso ser azul. La ciudad se quedaba atrás, aplaudiendo a la noche cómodamente recostada en el zaguán de la historia. Las estrellas coquetas cerraban intermitentemente sus ojos.
Es que nos es fácil de entender.
lo simple cuesta desarmar las ideas,
para que funcionen en equilibrio con el sur,
por donde se fueron dando de saltos
varios siglos
al anafre de los tiempos
para volverse fuego de otra llamarada.
LA GEOGRAFIA DEL MAIZ Y EL CONSEJO DEL RALAMPAGO.
Antes de las 11PM arriba en medio de consignas la Comandancia Militar Indígena y representantes de las demás comunidades autónomas y en rebeldía. Las dianas de las dos bandas musicales se mezclan con las palmas de los miles, que de 27 países, 25 estados de la Republica y miembros de diversas comunidades zapatistas, nos hemos congregado a encender un fuego que ilumine los siete puntos cardinales. El Comandante David dice su palabra, la voz de todos los que contribuyeron a decirla. Dice de los malos gobiernos, de los malos gobiernos que traicionan palabra, de los malos gobiernos que no cambian desde la conquista, las revoluciones y con los demás súbditos del gran capital. Dijo de las vicisitudes y traiciones. El agradecimiento a la ayuda internacional y solidaria. Después los tumultos, los cohetones en el cielo y la cañada respondiendo con un eco que despertaba su amplio valle. Dos grupos musicales lanzan dianas después de cada participación. Aplausos, risas en vez de confeti, el 6, 5, 4, 3, 2, 1, ¡Feliz año 2009! A bailar todos. Con y sin pareja, en grupo, en filita, el que quiera con su estrella. Extraña ceremonia con sus cerros arrobados de sombras, con su destino que bajaba a humear entre la niebla. Sin una gota de alcohol en la celebración. A nadie pude sorprender con la botella escondida, todos en el vértice dispuesto por la Comandancia Militar Indígena. Reunidos en el claustro de la esperanza y muchos Europeos redescubriendo nuevas formas de bailar la cumbia y quebradita. Globos aerostatitos en la noche que se arrepegaba en su amplio valle, serena, sonriendo garbosa ante el jolgorio de sus hijos, sorbiendo la flamita que invitaba al sueño, simplemente para que la despertara en otro sueño de convicciones decorada con barro y chaquira. La noche sabía lo que tenía que saber, igual que nosotros. Con el sigilo de la alegría ante el acoso, el baile contra la insidia ladina y el rostro cubierto para ser uno y muchos con la noche, en un mimetismo ancestral de poco disfraz y mucha sabia en las venas del mundo Maya. Los hijos de la noche vapuleaban los instantes sin saber de cierto los teoremas del aquí y el ahora. Zigzagueando se me metía por el costado una mujer muy chiquita y con pasamontañas. Meneaba los hombros al ritmo de un corrido de Francisco Villa y se perdía entre un mar de piernas movidas con hilos desde el cielo por el gran titiritero. Cada vez que un cohete estallaba, al cielo le salían ronchitas de luz y su eco como un aullido reverberaba entre las hondonadas. Paloma me decía de Andrés y de otras caravanas, de sus milpas orgánicas, de sus sueños a retoñar; me decía tantas cosas buenas con su buen silencio, que yo mejor tiraba mi libreta de notas y empinaba un café de los altos. Un sentimiento aleteaba en forma de sombra sobre la oscuridad. Me sentía nadie en particular. No me tenía a mi mismo, según mi historia personal y, sin embargo, un gran ente de mi se desdoblaba. Cubría por completo el instante preciso donde me encontraba. No era nadie o nada y, paradójicamente, lo que las montañas me decían, lo que las nubes, siempre presentes durante el viaje y prudentes, dejaban ver bajo su corpiño representaba el ser parte del torrente sanguíneo de la historia. Decían del sagrado valor de la tierra, decían de sus volcanes para serenar los contornos de su geografía, decían de la leyenda que se despierta cada mañana y sale a cazar, aunque solo sea un pedacito de arco iris. Decía de sus vientos en forma de serpientes desplazándose con las lianas de las estrellas. El maestro de ceremonias: ¡Un minuto de su atención! Y se enviaba un saludo zapatista a los hermanos de Cuba en sus cincuenta años de resistencia. A pesar de estar escasos de escasez se enviaba al pueblo caribeño una cosecha de maíz zapatista. ¿Llegará este grito de solidaridad desde un caracol recorriendo su propio laberinto al pueblo de Cuba? Andrés me decía que necesitan diccionarios. “Muchos niños y niñas están aprendiendo a hablar Español” y me da una idea de como ayudar. La noche no paraba de girar, quemándose en su propia hoguera de fuego negro y ancestral. Algunos gallos cantaron desmañanados, aún con el vapor de la bruma entre las plumas. El sueño se fue a echar una siestecita antes de que arribara el sol.
Dicen los que saben, de saber frondoso,
los que vienen atrás acomodando los cuatro vientos.
Que cuando los dioses quisieron reconocer su obra, no pudieron
porque todo era un gran valle de silencio;
no tenían como nombrar todas las cosas
que no cabían en sí de lo bonito que estaban.
Los mares, por ejemplo, eran azules, pero no podían decir azul,
como los cielos, porque no había el palabra.
El palabra de plano no venía.
No se podía decir aquel pájaro, estrella o dirección.
El mundo y los cielos y todo lo que no se alcanza a ver,
no tenía forma siquiera de pensarse con la razón,
porque no había el palabra.
Todo era un caos, como ahorita, así que la luna y el sol, en esos tiempos
hermanos aquí abajo;
al ver la confusión que empeñaba el gozo de tanta creación
y tanto innombrable decidieron hacer algo por sus otros hermanos dioses
y sus otros hermanos hijos.
Una noche, dicen los que saben, cuando nació la estrella de la mañana.
El sol y la luna se arrojaron en sacrificio a una llameante noche eterna.
Fue tanto lo que sintieron dioses, animales y demás hijos, que de su tristeza
admiración y agradecimiento renacieron la luna y el sol,
como los conocemos ahora suspendidos y separados en el viento.
Todo se llenó de colores y músicas.
Una extraña sensación de eternidad palpitó
en muchos cielos y oscuridades.
Había nacido el poder decir “el venado, el águila o la lluvia”
un color mas vivo se untaba a todas las cosas
cuando el palabra lo tocaba.
El palabra, de gusto, se echó un clavado al río de lo eterno
y en algún lugar floreció un poema.
Había nacido la palabra.
LA GEOGRAFIA DE LA PALABRA O LOS TEPALCATES DE LA UTOPIA.
Todos los que de alguna manera, en mayor o menor grado, tenemos relación con la palabra sabemos de su poder de transformación. Sabemos de su poder de transmutar realidades a diversos planos y su tarea persistente: el mejoramiento de la condición humana y su equilibrio con el todo que nos envuelve. Pareciera que solo en territorio zapatista NO se dan las continuas y cotidianas masacres que como hongos después de la lluvia campean en territorio nacional. Pareciera que nuestra clase política tuvieran un virus colectivo en el hard drive y sean incapaces de ver, escuchar, y, lo peor: de sentir.
Dentro de la cultura Maya, la palabra no es solo un signo o un representante de lo imaginario, es un ente divino. Posee cualidades y atributos equiparables a cualquier otra deidad de su inmediato entorno cosmogónico. La palabra por tanto reluciente de sus atributos mágico religiosos se instala en la cultura Maya como parte indisoluble de esa gran civilización.
Pero la palabra no solo campea en el terreno cultural y aún en el de los sueños, sino que tiene propiedades curativas y lamentablemente su contrario. En los ritos mágicos de la curación la apalabra tiene tanta importancia como el viento del Norte, o las raíces de la Ceiba enhebradas en el inframundo de las sombras y espíritus poco bondadosos y, en ocasiones, tentando a los hombres con los peores odios con los que se puede odiar.
La palabra en la cultura Maya tiene una serie de connotaciones de las que adolece nuestro maltrecho vocabulario. La palabra, es su arte poética, la aguijoneante fragancia del color, pigmentando las rocas y demás retablos donde la palabra es sinónimo de armonía. La palabra tiene, dentro de la cultura Maya, la facultad de trasfigurarse en diversas realidades, cielos y ensoñaciones. Tiene la capacidad de intuir los nudos que sostienen la sabana del universo con todas las estrellas apretujadas y manifestarse en forma de sueños.
La palabra, como todo lo que nos rodea, tiene sus otras consonantes. Tiene su espíritu, pues de otra forma no existiría. Sin la aparte verdadera de la verdad sería como el cascarón del huevo vacío. La parte verdadera de la verdad es buena cuando es buena para la colectividad. Tampoco la palabra sería verdad sin libertad. Pues para que vuele y descubra otros cielos, para que lo muy lejano sean minúsculos grumos en las playas del encanto se requiere de libertad, pues sin ella, la palabra se enjuta y muere igual que cundo le falta la agüita. Se vuelve un monigote de silabas y menjurjes careciendo de verdad.
La palabra debe de tener dirección, como los montones de puñados de estrellas que pastorean en círculo y se pueden predecir. La dirección de la palabra siempre se orienta a la justicia; esto la vuelve tangible, verdadera, de modo que no puede estar separada de lo que es justo para el bien común. La palabra no es un conglomerado de sonidos, un amasijo de ideas que no distingue las buenas de las malas cosas. La palabra es la cuna donde se deposita con ternura al silencio para que florezca la claridad.
Desde los primeros escritos que salieron en forma de comunicados desde las montañas del sureste. Se percibió en ellos una forma diferente de decir las cosas. A diferencia del lenguaje acartonado y sedentario de casi la totalidad de la izquierda intergaláctica. Se percibía una nueva forma de cuestionar el mundo actual y sus derroteros. Había en estos primeros escritos, y en los que se sucederían, la vitalidad de la palabra original, la ancestral, la que se había cuidado con tanto esmero, de las torrenciales marejadas de silencio que habían asfixiado su pueblo hasta el advenimiento de la profecía. Solo entonces el viento de los cuatro confines reavivó el fuego para quemar la llamarada. La palabra guiaba a sus hijos a ahondar el precipicio de la muerte. Ahora, en las páginas abiertas del Chilam Balam, se leía la resurrección de la palabra como artífice de otras generaciones, de otros eclipses arpegiando de luz un beso enigmático a la luna.
La palabra en los textos y comunicados, en los cuentos, en los intercambios epistolares, e incluso, en las mismas consignas como “el mandar obedeciendo” son voces de verdad, voces que representan una necesidad enquistada en el bien común. Como cuando la lunita empezó a inflarse en Oventik y me atrapó ya llenita en los acantilados de los Raramuris.
En el crisol de los tiempos
un sueño viene echando de marometas;
Acaricia con ternura los cabellos dorados
de la milpa
y presuroso de afanes a la luna nueva infla.
El concepto indígena de la palabra en su integración y equilibrio como su medio social, espiritual y gnoseológico fluye con la vitalidad de la selva lacandona. Es la palabra desde su nacimiento hasta esta nueva luna llena, abrevadero para sorber agüita de saber; regalo de los dioses para que encienda dignidad.
Pero algo sobresalía en la palabra del decir de la voz-voces de la selva Maya. Su horizontalidad, la ausencia de mapa de ruta y su ecuación teórica. Carecía de los laberintos sin salida del sofisma vuelto fundamentalista. Era y es palabra que recogía diversas voces para hacerse voz más fuerte en el andar al parejo. Esa palabra nos invitaba a pensar, a reflexionar desde diversos espejos, la paciencia como reflejo. Y lo han dicho con diferentes voces que no “venimos a decirles que hacer, sino a hacerlo juntos” solo que en muchas de las veces solo escuchemos lo que deseamos escuchar. Su palabra nunca ha venido desde arriba, donde algunas diosas se asoman a contemplar los azules y verdes que enmarañan al mundo. Ha surgido de donde se mueven los magmas y las cortezas terrestres. De donde se maquilan los sueños para volverse realidad. Desde el papel ámate del Chilam a la orientación de la utopía de cara al sol.