Sábado por la noche. Un breve espacio de música alta, cerveza, gente y verborrea.
Todo acaba entre cigarros que se aferran a seguir la fiesta, la radio de madrugada,
el volante y la carretera.
Ya en posts anteriores se me salió decir que una de mis fantasías era coger con
alguien que maneje su carro al lado del mío a través de las calles y avenidas de esta ciudad. Detenerse con una mirada, detener los carros, saltar a uno de ellos, o qué se yo a dónde…
Y tener una faena de sexo y pasión propia de los hombres que no se saben hombres.
Darle una completa lección a los malditos cuerpos.
Y bien, la noche añorada llegó. Frente a mi pequeño Geo Metro iba un Toyota Tercel gris.
Eran como las 3:30 de la madrugada. Tercel me rebasó. Tercel se puso a mi lado.
Tercel desapareció en un cruce de miradas, y el maldito se llevó en su salto a mi pobre metrito;
no quedaba más; fue como un congelarse. Pero pasó, todo pasó (por mi mente, claro).
Tercel terminó de rebasarme. Se puso frente a mí y fue bajando su velocidad, y,
en una salida a la izquierda (la única de la carretera) jugó a virar. Yo me detuve detrás de él mirándolo bajar la velocidad hasta detener totalmente el carro. Nos quedamos ahí un par de
segundos y nuestros corazones latían a la par de su luz direccional que indicaba que nuestros caminos serían otros de ahí en adelante. Tercel se puso en movimiento, pero esta vez más lento,
y orillándose sobre mi camino. Tercel se detuvo y yo estaba detrás de él… Los carros por fin se habían parado. La fantasía se acabó.
Después de poner de nuevo en marcha mi camino a casa recordé que esa carretera siempre me había
dado miedo en la oscura soledad de la noche. ¿Qué tautológico? Temerle a la soledad porque
te puede salir alguien a hacerte compañía.
cheken su blog:
http://-file-.blogspot.com/2005_03_01_-file-_archive.html