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Buenas, niños y niñas, no tengo resaca, lo cual es de agradecer. Hoy es Día de Andalucía. Y anoche…anoche fue mágica. Creedme, lo fue. Si cuando comenzamos nuestra andadura en el concurso, allá por el Año Nuevo, alguien nos hubiera dicho que íbamos a estar en la final de la Príncipe, le hubiéramos hecho el mismo caso que Lex Luthor a Superman.
Pero, como siempre, empecemos por el principio:
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Hoy voy a remontarme a unas horas más tempranas de lo normal, en lo que al croniqueo se refiere, a las 7:30 de la mañana del día 27 de febrero, que fue cuando para mí comenzó el concierto, en ese momento abrí los ojos. Pasaron cinco minutos hasta que la consciencia se abrió paso entre mis neuronas, llamando a la puerta de mis inevitables compañeros de fatiga en las horas previas a un concierto, ¿los recordáis? Sí, esos mismos, esos que no me abandonaron hasta que puse el primer acorde de “Stairway to heaven”. No los voy a nombrar. Ya tuvieron su espacio en la crónica anterior.
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Con el objetivo de atenuarlos, conecté mi MP3, y empecé a buscar canciones que no escuchaba hacía tiempo y llegué a Danza Invisible. Escuché su Grandes Éxitos entero. Mucha gente nos dice que los Colt no tenemos un estilo definido. Esa es la grandeza de la música, no tiene barreras, límites, ni modos de hacer. Nosotros bebemos de muchas fuentes, de muchas, quizá de demasiadas. Y nos gusta. Y lo seguiremos haciendo.
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Jorge es forofo del metal progresivo, pero no puede negar las influencias de Korn, Extremoduro o Ilegales. Antonio Raya es incondicional del Pop español de los ’80 (Secretos, Héroes…), y, flipad compañeros, incluso del flamenco de Antonio Molina, pero no puede obviar su admiración por Led Zeppelin o Skizoo. Y a mí me faltaría papel para escribir todo lo que me motiva, pero vamos, todo comenzó con un vinilo rojo y doble que tenía mi padre donde salían 4 jóvenes, y otro vinilo doble, esta vez azul, donde esos mismos jóvenes aparecían en la misma pose pero con barbas y pelos largos.
Hay tres canciones de ellos que son imprescindibles en mi vida: “You’ve got to hide your love away”, “Eleanor Rigby” y “And I love her”. Fue el principio. Y aún perdura.
Al igual que hay un disco que me abrió los ojos, pues podía tocar sus temas cuando empecé a maltratar la guitarra de mi padre: el Nevermind de Nirvana. Algo revelador, hay discos que te cambian y este, sin duda, fue uno.
A los 091, a pesar de ser paisanos, los descubrí tarde, cuando editaron el Tormentas Imaginarias, escuché la letra de Otros como yo y ya nada volvió a ser igual.
Os abro un poco nuestro corazón musical, para que comprendáis lo que es para nosotros hacer música: es nuestra vida, es lo que siempre hemos querido hacer, es lo que nos ha empapado desde críos, lo que nos ha unido y por lo que luchamos cada ensayo que nos roba horas de sueño. Cuando cerramos la puerta del local, entramos en nuestro espacio, el resto del mundo se para, no existe hasta que salimos; y la sensación de componer, de crear una canción de la más absoluta nada no es comparable, ni mejor ni peor, pero no se parece a ninguna otra.
Por todo ello no me canso de repetir que nos sentimos unos privilegiados, quizá no seamos los mejores músicos del mundo (va a ser que no, jeje), pero unos de los más felices, seguro que sí. Hacemos lo que nos apetece y nos llena. Y si encima hay gente a la que le gusta y nos anima a seguir, lo tenemos absolutamente todo.
¿Quiénes somos nosotros para desechar una idea del otro? Una idea musical que a cualquiera de los tres nos haya tocado el alma. Casi todo cabe dentro de la música de los Colt. Así es como nosotros lo entendemos y así es como lo hacemos. A quién no le guste que no mire.
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Bueno, que me pierdo, que esto es una crónica.
Sobre las 12:00, escribí algunos correos. Jorge no me llamó hasta las 13:00, para cargar la batería; yo iba a comer en breve, así que le dije que ya lo haríamos antes de salir. Quedamos a las 15:30 en el local. Antoñito estaba trabajando así que no dio señales hasta las 15:45. Cargamos y salimos. Llegamos a la capital, no había mucho tráfico, todo bien.
Subimos hacia el Realejo y aquí empezó la odisea para descargar, si unimos a la estrechez de la calles, las obras, obtenemos un cóctel explosivo. Menos mal que la pericia al volante de los conductores y nuestra cara dura con los Municipales, hicieron el resto.
Yo, en la vida había pisado la Príncipe, así que cuando entré, me impactó sobremanera. Esto no es la Sugar, con todos los respetos y agradecimientos. ¡Dios qué sala! Jesús, nuestro presi ya estaba al pie del cañón. Saludamos a las demás bandas. Eso también nos lo llevamos del concurso, todos los músicos a los que hemos conocido, todos geniales, buena gente. Contad con nosotros.
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Se montó la percusión y comenzaron las pruebas de sonido. Si digo que el técnico era bueno, mentiría. Las pruebas se hicieron eternas, no había manera de sonorizar los monitores. Pero vamos, más o menos nos escuchábamos.
Mientras mil llamadas de los colegas, alguno para preguntar como llegar, otros para disculparse por no poder ir, pero deseándonos suerte. Aunque no fueran, siempre están con nosotros.
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Terminamos de probar y nos fuimos a tomar algo. Llegaron Nuria (nuestra egipcia sufridora) y Óscar. “¿Estáis nerviosos?”. Y Jorge dijo que no, por que yo no daba paseos. Y no los daba porque no había espacio en el bar, no por falta de ganas. “Ni Slowfinger ni hostias; tú eres Tony Walker, jejejej” decía Jorgito. No puedo evitarlo.
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No probé bocado, para variar, pero Antonio no entiende de barcos, y entre mi hermano y él se marcaron un platazo de jamón. “Homologado”, según Antonio. “Niños, vámonos para allá que son las nueve”.
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Campo del Príncipe arriba yo no pensaba en nada, salvo en que allí estábamos y había que hacerlo tan bien como bonito era el marco donde lo íbamos a hacer. Llegando nos encontramos a Mar y Guille, saludos y buen rollo, ánimos y risas. Yo no me reía, no podía. En la misma puerta, Carlitos y Vanesa, y sus allegados. Joder, qué pasote. Carlos e Isi y el escuadrón de Villanueva, se han chupado todo el concurso, enterito, a nuestro lado. Y Vanesa, poniendo a nuestra disposición su mirada a través del objetivo, ha entrado, irremediablemente, en la familia Puppets. A todos ellos, gracias, mil gracias, infinitas gracias.
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Mar presentó el evento, mientras llegaban Anita I de Atarfe, Juan Carlos “Espectacular” Campaña y señora, Miki “Ni Puta Idea”, Inma, Reme, Ana Vílchez, Miren, Juan A. Sánchez (nuestro hermano de Íllora), Sefri (Papilemon), etc. Sonaban ya los Doctortilla (violinista, eres grande), nos preparamos. Y tocamos. Tocamos de muerte. Modestamente, creo que fue el mejor de los tres conciertos del concurso, me encontré extrañamente cómodo cantando. El Jameson hizo su trabajo. Qué gratificante sensación, el cúlmen de mucho trabajo se resumía en pisar aquel escenario. Y nosotros lo sabíamos y lo disfrutamos como merecía.
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Complicidad, compenetración y alma. Eso es lo que yo sentía. Entre nosotros y con el público. “Fly away”, y abajo. Ya estaba hecho. Los nuestros nos felicitaron, gracias de nuevo, incautos.
Luego escuché el resto de conciertos, vi a poca gente; yo estaba monopolizado y encantado de estarlo.
Me contó Antonio que les gustamos a esos ídolos que son para nosotros Jigkorova, e incluso le propusieron hacer un bolo conjunto. Día y hora, musicazos, cuando vos queráis. Todo un honor.
Un saludo para los Babel en pleno, gracias a Dios que ahora canta María. Nos veremos en futuros eventos. Un abrazo para Diego “Colega de la Vega” y su dedicación vocacional a este, a veces arduo, mundo musical.
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Ganaron Billy the Kid, sus versiones de “Campanilla” de los BNR y de “Voy en un coche” de Christina y los Subterráneos, me reportaron a mi adolescencia, enhorabuena maestros.
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Cuando me bajé tras recoger el 4º premio, un chaval me dio la enhorabuena, no lo conocía de nada y me dijo que le encantamos. Ese es nuestro verdadero premio. Gracias a ti por soportarnos.
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Hubo que recoger muy rápido, visto y no visto. Los amigos se marchaban . Yo no quería irme, Dios sabe que no, pero la gente estaba hecha polvo. Así que, en comuna, hicimos el rito gastronómico del “Shawarmazo”, todo un clásico en los conciertos de los Colt. Y pal pueblico.
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Gracias a la AGM, sin vosotros, no hubiéramos vivido esto.
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Gracias Antonio, gracias Jorge.
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Somos los Colt Puppets, nos vemos el 25 de Abril en el Centro Cívico del Zaidín.
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Un abrazo.
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Antoñito Slowfinger
(En esta ocasión, Tony Walker)
4:35 PM
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