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Last Updated: 12/1/2009

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Monday, November 09, 2009 

Current mood:  distressed

Cuando el usuario numero 19483948093801238...6666654 lee este tipo de cosas no ve salida y solo quiere comer cheetos y ver la tele.......        qui

p.s. para que pararse si uno no escapa de lo inevitable?


En una primera aproximación, desmentir supone desarticular una mentira o una afirmación falsa, o sea, contradecirla. En psicoanálisis la desmentida es elevada a categoría de concepto inherente a una operación psíquica que guarda un estatuto diferencial con la negación.
Desmentir alude a la operación psíquica inconsciente que sostiene con una creencia irreductible, un engaño de la percepción y la conciencia; mientras una parte del Yo sabe del engaño, otra no quiere reconocerlo y se comporta  como si la representación dolorosa no existiese. La desmentida conserva un saber sobre el engaño y un descreimiento respecto del mismo, pero sobre todo, está al servicio de desconocer el dolor psíquico. Es decir, el sujeto cree en una ilusión y a la vez sabe que la ilusión es una creencia. Es de la índole de una convicción que enceguece a la percepción porque cree ver lo inexistente y se aferra a la creencia que eso inexistente es verídico. Desde un cierto punto de vista la desmentida es constituyente de los juicios de existencia y de atribución: lo que es y lo que tiene en tanto son soportes de las diferencias, pueden desmentirse para borrarlas. La hegemonía de su operatividad lleva al sujeto a actings y pasajes al acto de índole perversa o melancólica.
La desmentida se enuncia bajo el sesgo de una desimplicación subjetiva, de la siguiente manera: “No se puede creer, y, sin embargo..”; este sin embargo permite que se crea que no existe lo que es, y que se crea que se tenga lo que no existe.
 
La desmentida constituye un no poder creer en lo que en psicoanálisis conocemos como “castración”, por lo tanto tiene sus raíces en la sexualidad infantil. Freud destaca el tiempo lógico en que el niño se aferra a la creencia que las mujeres de su familia (madre y hermanas) tienen un órgano sexual semejante al del hombre, o se convence a sí mismo que les irá creciendo. Lo que los niños y niñas desestiman es la posibilidad de la diferencia sexual en tanto ésta angustia o genera pánico; a consecuencia de ello algunos sujetos creen ver en su madre un pene imaginario, otros sueñan con un monstruo fálico que los devora y otros intensifican fantasías de sodomía y penetración. Si bien esta organización es constituyente de la vida mental infantil, sus efectos están destinados a desaparecer bajo la represión o transformarse. Sin embargo, la cancelación de esta estructura psíquica no es completa. El quántum de no cancelación se traspone en cualidad estructural, por ejemplo, en escisión psíquica o si este quántum rige hegemónicamente el psiquismo, el sujeto deviene en  perverso, psicótico o asocial.
 
A nivel de los lazos sociales, la desmentida de la castración y la urgencia psíquica de un mundo sin diferencias, está en el basamento de los fanatismos, los extremismos, los totalitarismos, los fundamentalismos y los reduccionismos. Esto se debe al abrochamiento entre lo sexual infantil inconsciente y el desencadenamiento de violencia, transgresión y delito.