Weblog de Manuel Segura
Los humanos,
como animales de costumbres que somos, nos solemos agarrar a las cifras redondas
para conmemorar nuestras cosas. Nos gustan con locura a la hora de hacer
balances. Celebramos pomposamente los 10, 20 o 30 años de algo, aunque también
los 25, 50 y ya no digo los 100. Cien días, precisamente, es lo que cumple hoy
el líder único de la civilización actual, según nos ha dejado dicho la crisis
que nos acecha. A lo que parece, no hay más mandatario que él, y sobre él y
sobre sus espaldas descansa la esperanza de más de medio mundo que le recibió –y
aún le mantiene– como el profeta que bajó de la montaña.
Barack Obama cumple hoy 100 días en la Casa Blanca y, en contraste
con su antecesor, es obsequiado con el incienso de quienes quieren ver en él al
que nos sacará de ésta. Los comienzos, un tanto desalentadores para los más
extremos, pudieron transmitir cierta decepción, sobre todo cuando el flamante
presidente de los Estados Unidos conformó un equipo en el que tenían cabida
gentes que provenían del área republicana. Con todo, los medios le dan hoy un
sobresaliente en popularidad entre sus conciudadanos al cumplirse los
míticos 100 días. Así las cosas, dos pilares básicos de su mandato, el
presupuesto y la reforma sanitaria, se asegura que están a tiro de ver la luz
verde en el Congreso. Para colmo, un viejo senador republicano acaba de anunciar
que cambia de bancada, con lo que apuntala al partido de Obama en esa otra
cámara para sacar adelante sus proyectos. No sé si alguien allí se atreverá a
llamarlo tránsfuga, como se hace aquí en España con este tipo de
actuaciones.
Y mientras,
Bush en su rancho tejano esperando que se deshoje la margarita
sobre las investigaciones por torturas en Guatánamo. A nadie se escapa que a
Obama no le gustaría que se removiese demasiado ese fango. Quizá por eso sólo
espera ahora que no le amarguen el cumpleaños organizaciones como Amnistía
Internacional, que ya le ha condenado, tal como si cayera un chaparrón sobre su
cabeza.