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Last Updated: 9/8/2009

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June 17, 2009 - Wednesday 

Current mood:  drained

La yerba mate

La autopoyesis del ser, así comenzaba el libro del investigador en ciencias de la comunicación que tenía que leer para redactar el ensayo, sí, era para ayer y yo seguía con los ojos pegados al libro, las manos sobre el teclado y la mente en otro lado. Los efectos de los enervantes ya habían pasado, la enfermedad del niño controlada, las irreverentes culpas mentales expiadas pero algo faltaba, la obsesiva pieza para completar el rompecabezas estaba perdida debajo de la cama.

El café no servía, la yerba, mucho menos, el cigarro tenía un raro sabor ese día. - He, José, no seas marro y regálame un poco de yerba mate - Escuchaba cómo me gritaba cada 5 minutos el Pepas sin saber que ya se había terminado hacía 3 horas. De nuevo, la autopoyesis del ser, es un como estado mental que deriva de las, qué diablos, lo peor del caso es que ni siquiera podía concentrarme en lo que me desconcentraba. Era un laberinto eterno, donde cada paso me regresaba a la misma imagen mental en blanco, era más como un sentimiento. No, no era tristeza, tampoco alegría, mmm culpa, no creo, era una especie de ansiedad, como el adicto que quiere un poco más de eso que ya probó. Por fin, la causa estaba definida, ahora podía volver a ese gran libro y tal vez me podría dar el lujo de jugar con McLuhan y su aldea global o Sartori y el hommo videns y tal ves meter en el ensayo un poco de cada cápsula contiene omeprazol 20 mg y aquí estaba de nuevo, welcome to mi cabeza señora ansiedad distractora.

- ¡Que si me pasas el mate! - ¡Qué no tengo carajo, me lo he bebido todo! - Uy, le va a venir fuerte el chorrillo - El chorrillo, el chorrillo, por mi que me viniera lo que fuera, igual y con eso se me destapaban las ideas. En los últimos días había tenido una serie de lagunas mentales que me comenzaban a preocupar bastante, sin embargo, no perdía el sentido del tiempo, ni confundía los momentos con personas importantes, sólo de vez en cuando omitía detalles que para algunos eran relmente inmensos. Comenzaba a concebir la vida como que siento que deberían hacer que las computadoras emtieran una menor cantidad de calor porque... ok, perdido de nuevo, hablábamos de la vida, sí, la concepción de la vida era como parpadear, como en un instante querer escribir un ensayo que marcará los límites de la historia en investigación y al otro, simplemente querer hacer una llamada. ¡María! Tal vez debería llamarla, cuántas vece no has tenido este diálogo contigo mismo sólo con otros nombres y otras circunstancias, no me respondas, me gusta cree que soy el único loco con este tema aunque no sea así, le da tintes románticos.

Para qué llamarla, vive a tres calles - Hey Pepas, ahora vengo, voy a donde María - ¡Grandísimo hijoeputa pero si usted no entiende, si le gusta darse de topes con la misma pared, dese mijo, a mi me viene valiendo un pepino, no más le voy a pedir de favorcito que cuando regrese traigo algo de yerba pal mate - Vale, vale, ya vengo Pepas - Cuídese mijo.

Ahora resulta que el Pepas me viene a dar clases de relaciones humanas, maldito amargado que se la vive metido en un mini mundo de traza urbana. Mientras vociferaba contra él, contra el mundo y hasta contra el gato negro que maulló fuera de la ventana, tomé mi pullover, mi gabardina canadiense y salí, al frío y la nieve, sí, adentro era más cómodo, una llamada telefónica me habría ahorrado llegar con la nariz congelada, pero hay veces que uno necesita caminar, aunque sea en esas condiciones. María tenía potencial de escritora, yo lo supe desde la primera vez que leí aquella servilleta con tres sencillas líneas que contenían perfecta armonía y ritmo, claro, yo llevaba tres cervezas rondando por la cabeza y media nube de humo en el sistema nervioso, sin embargo, al día siguiente, en la sobriedad de la mañana, me seguía pareciendo algo exquisito.

Las negras farolas se esforzaban por alumbrar mi camino rumbo a casa de María, yo veía cómo su triste luz hacía hasta lo imposible para pasar titiritando entre los copos que caían lentamente hasta mi cabello. Era difícil pensar en otra cosa mientras trataba de recordar cuál era la calle en la que debía doblar a la izquierda, el único problema es que tal vez, sólo tal vez, tendría que gritar por todo el edificio para saber en cuál de los pisos vivía o bien esperar la absurda coincidencia de toparme con ella porque se le ocurrió salir por un pan o mirar la nieve caer o qué se yo, cualquier pretexto es bueno cuando uno camina bajo la nieve.
Muy bien, para evitar pensar en eso, decidí simplemente centrarme en no cae en alguna coladera destapada o no toparme con el limosnero Gabriel, realmente me había desfalcado la semana pasada, debo admitirlo, el alcohol me hace ser extremadamente generoso. Vuelta en la calle 135 a la izquierda y dos edicificos más y ahí estaba, el zoombie que había perdido todo por culpa de un virus que mutó de común influenza, bueno, eliminemos al zoombie, es parte de la ansiedad que comentaba, sin embargo, ahí estaba esa silueta que lograba que no fuera tan idiota mi idea de que María saliera por el pan a esas horas y con ese frío, así que me acerqué y - Raquel,¿cómo está? - Bien José, bien, salí a ver cómo nevaba, me encanta sentir como los copos de nieve se fusionan en perfecta armonía con todo lo que tocan - Mira, yo lo he hecho en algunas ocasiones, pero desde aquel resfriado que me metí, no lo he vuelto a hacer - Me cagaba Raquel, era como la vecina incómoda de María que me tiraba ondas todo el día, investigaba todo lo que yo hacía, todo lo que me gustaba, todo, era una obsesiva, y hacía que a ella también le gustara para darme gusto, me explico? Un día, yo iba caminando por la plaza central, cerca del kiosko y me la encontré intentando pintar un cuadro surrealista, obviamente no había técnica, ni estilo, ni nada de nada, sólo me limité a preguntarle si ya era artista callejera, y ella, sonriendo, me dijo que sí, que qué opinaba de su arte. Mentí, le dije que ahí la llevaba.

- Oye Raquel, pues disculpa que no te acompañe pero vengo a ver a María - No está - ¿Cómo? - Pues no está, así no más - Y sabes si va a regresar - Pues no ha regresado del trabajo - Gracias. Gracias, de qué se trataba, ahora voy a tener que ir hasta el trabajo de María y lo peor, lo peor de todo es que en este punto ya no recuerdo para qué la buscaba, sólo me ha dado por verle, sin sentido, tal vez al verla me acuerde. Eran 4 cuadras más hasta la lavandería café en la que trabajaba, así que empecé a pensar en la autopoyesis del ser y en mi ensayo multidiscplinario que tenía que entregar para ayer. Todo comienza con la pérdida de sorpresa en el ser humano, la culpa está compartida por la aldea global y por el hommo videns, al comenzar a formar parte de un mundo globalizado, donde cultura, valores y creencias se ven dominados por los medios de comunicación, y llegar a convertirnos en un hommo videns donde todo, absolutamente todo ya lo hemos visto, perdemos el sentido de que ahí estaba ella, fumando un cigarrillo en la entrada, no había clientes, era obvio, con este clima de la fregada, sólo un loco como yo que se salía de su casa a media tormeta para verla. Y qué le iba a decir, demonios, ya me vió, ahora qué le digo, no me puedo acordar qué quería decirle.
- Hola María - Hola nene, que bueno que veniste, está horrible el clima - Sí verdad, oye, pues vine para decirte que me encanta cómo escribes, deberías de seguir así - Ah, gracias - Bueno, este, ya me voy - Ok, suerte, nos vemos mañana - Sí, hasta mañana.

Que no se me olvide la yerba mate.