Primera parte:
Use de bisturí el consejo y la mano de quien lo
quiere.
No se preocupe si es de mucho sangrar, muchas veces
ocurre que cuando abrimos la herida para curarla nos encontramos con desbordes
de nostalgia desparramada por el interior, y ni hablar de la tristeza que se
quiere meter dentro, ahí no hay asepsia que valga. Relájese, deje salir lo que
sea necesario y si lo invade la tristeza trate de extirparla con paciencia, ni
se le ocurra el vaso de vino apurado o el hotel a las corridas con el pelo
mojado; de por sentado que al otro día se le mete de nuevo por la oreja
mientras duerme, o alguien le vomita en la cara y ahí la tiene de nuevo. Es una
operación delicada aunque no imposible.
Deje la herida abierta al menos por una semana,
sangre tranquilo en los transportes públicos, salpique a su taxista preferido
que ellos son de estos gustos particulares, no se aflija que ellos se limpian
con el próximo pasajero. No destruya fotos, por lo general los pedacitos que
quedan son de meterse en la herida y muy difíciles de sacar.
Por ultimo luego de pasada una semana párese frente
al espejo. Trate de mirar lo mas adentro posible, si encuentra algún resto
repita una semana mas el tratamiento con una dosis doble de taxis y alterne encuentros
con amigos. Nuestros amigos, al igual que usted, son los mejores médicos con
heridas ajenas. Quizá usted también pueda curar algún corazón roto, es el mejor
calmante. Límpiese las lagrimas. Levante la cabeza..
Respire usando el alma, buscándola, haga que se
asome por los ojos, por los dedos.
Mire en los ojos de la gente que ama, ahí esta
usted, renovado. Déjese abrazar.
Si después de todo esto usted no esta curado no
desespere. Todavía puede volver a tapar la herida y mirar para el otro lado. Eso
si, no le garantizo que no supure muy de vez en cuando. Sobre todo cuando sobra
un asiento, y llueve.
kOS/UNO