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Last Updated: 7/15/2009

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Friday, April 17, 2009 

Nuestro colega Rixi nos mandó el otro día este mail. Es largo pero es muy interesante.

Entrevista a Abel Paz

Martes 14 de abril de 2009.


Ha muerto Abel paz, memoria historica de la revolución libertaria, biógrafo de Durruti

Argentina IMC 2005

Quizá una de las últimas personas que pueden dar
testimonio vívido de la, pretendemos no sea, olvidada revolución
libertaria es Abel Paz, seudónimo de Diego Camacho, historiador y
biógrafo de Durruti, autor de numerosos libros entre los que se
encuentran los cuatro ejemplares que componen su obra autobiográfica,
abarcando desde su temprana e ilusionante militancia anarquista hasta
el horror de las cárceles franquistas. Entrevista realizada en 2005 por argentina.indymedia.org y rescatada por el periódico cnt y alasbarricadas.org.



 

-Casi nadie sabe o cree que hubo una revolución en España. ¿La hubo?

- Sí,
claro que la hubo, aunque ha quedado oculta por la mentira. De todos
modos, cuando dices la verdad tarde o temprano se te reconoce esa
verdad. Para empezar, hay que tener en cuenta las Comunidades de
Castilla. El único historiador que ha hecho una reflexión seria sobre
eso ha sido Maravall. En 1519 nos anticipamos dos siglos a la
revolución de 1789, porque en esencia se trata de la misma revolución.
Aquella gente tenía un concepto de democracia muy avanzado, se hablaba
por ejemplo del mandato imperativo. El regidor que se nombraba para
representar a la comunidad, si no respetaba la voluntad popular, el
mandato imperativo, era automáticamente cesado, como pasó en Segovia
por haber votado los impuestos que exigía Carlos V. Era tan radical
aquella visión que de hecho el anarquismo no hizo más que retomar el
hilo de la historia y arrastralo hasta 1936. No se puede hablar de
revolución en España en 1936 sin tener en cuenta los períodos de la
historia en que esa revolución era algo que estaba en suspenso.
Malraux, hablando de la revolución española, decía que era algo que
estaba en suspenso, que se veía venir a través de la historia de España.

-Si se puede decir que la
revolución ha estado en suspenso hasta 1936, a juzgar por la realidad
también podría decirse que la contrarrevolución ha campado a sus anchas
a lo largo de la historia.

- Desde
luego. Para muchos la historia de España comienza con Fernando e
Isabel, lo anterior no existe. Con la particularidad de que con la
cultura árabe España había entrado ya en la modernidad. Con los reyes
católicos, cuando se expulsa a judíos y árabes España retrocede dos
siglos, se hunde en la edad media. Esos son dos siglos de retraso que
ha tenido España. Aquí aún tenemos estructuras feudales. Aristocracia,
una concepción social que no se corresponde con la que hay en Europa.
Latifundios... Problemas que nosotros resolvimos en 1936.

-¿Ustedes?

- Fue
el pueblo quien los resolvió y de manera inmediata. La república
intentó hacer la reforma agraria pero no puedo llevarla a cabo porque
no se atrevió a enfrentarse con la aristocracia que era la que tenía el
poder. Pero nosotros llegábamos, ocupábamos el terreno y se creaba una
colectividad, así de simple. Y si el aristócrata o el burgués quería
formar parte de la misma, se le admitía, si no se le echaba. Pero no se
echó a los que querían integrarse, a los que aceptaron las reformas,
los planes de expropiación. El dueño de la fábrica que no tuvo miedo y
se quedo a formar parte de la colectividad se integró. Incluso a veces
participaba del control, pero si no lo aceptaba, se le quitaba de en
medio. No era cuestión de retrasar la marcha en los obstáculos que se
pudieran encontrar. En esos aspectos, la revolución española superó a
la propia revolución rusa.

-¿En qué sentido dice eso?

- La
revolución rusa apenas sobrevivió tres meses, mientras que la nuestra
duró hasta 1939. La economía estuvo en manos de los trabajadores y se
consiguió descentralizar totalmente el poder. El poder local tenía una
personalidad: los comités. A pesar de la Generalitat, en los pueblos
funcionaban los comités, existía una especia de democracia directa, no
se prohibieron los partidos pero éstos enviaban a sus representantes al
comité. No había programas, los programas consistían en resolver las
necesidades imperiosas del pueblo. 7 u 8 representantes votados por la
asamblea popular tenían que cumplir con la voluntad popular. Si no
funcionaban, se les cambiaba y con los altibajos que se quiera, aquello
funcionó. Por ejemplo, la línea de ferrocarril se electrificó durante y
a pesar de la guerra. Se distribuyó la tarea por sectores y cada
ayuntamiento asumió la parte que la tocaba. En tres meses la obra
estaba terminada. Hoy una cosa así es inconcebible. Se daba trabajo a
los parados del pueblo. Los salarios se proporcionaban desde la
cooperativa del pueblo ya que era una obra de interés para todos.

-¿A pesar de todas las carencias y dificultades?

- A
pesar de todo. Y es que cuando hay hambre, si todo el mundo pasa hambre
y no hay ningún privilegiado que no la pase, entonces eres feliz con tu
hambre. Estás compartiendo la desgracia colectiva, el problema llega
cuando hay un grupo de gente que está comiendo bien y los demás se
mueren de hambre. En general, la gente soportaba todo aquello porque
era igual para todos. Recuerdo al Conseller de Defensa de la
Generalitat. Su mujer iba por la mañana a hacer la cola del pan, a
recoger su ración, cuando el por su cargo podía haber pedido que le
llevaran el pan a casa, era un hombre de culto. Es decir, la igualdad
no era un mito, era una realidad.

-¿En qué partes del territorio se puede decir que hubo una revolución?

- Alcanzó
toda la zona republicana aunque no por igual. Hubo zonas en que la CNT
era minoritaria. No obstante, allí también se produjeron
colectivizaciones. Hubo, en cambio, algún pueblo con poder cenetista
donde todo quedó igual. En otros coexistieron colectivizaciones
socialistas junto a otras libertaria; la socialista respetaba a la
propiedad privada y los métodos eran más autoritarios. Pero en general,
las colectivizaciones se extendieron por toda la república.

-¿Cuáles fueron las características más significativas de esa revolución?

- Sus
rasgos más definitorios se dieron en realidad el 6 de octubre de 1934
en Asturias. Allí la alianza obrera entre CNT y UGT fue la que hace que
aparezca ya la comuna, la colectivización era un acuerdo entre
socialistas y anarquistas con el que se intentaba conseguir un
socialismo libertario pero en general fue la tendencia libertaria la
que influyó en esa revolución. Hasta ese momento la CNT había intentado
movimientos de carácter insurreccional pero no había alcanzado a las
bases de la UGT. La alianza era imprescindible. En una población activa
de 9 millones de trabajadores, la UGT contaba con un 1.200.000
afiliados y la CNT con 1.500.000, nada que ver con la afiliación de
hoy. La gente era muy activa aunque la burocracia socialista frenaba la
alianza entre sindicatos. Pero en las elecciones de febrero del 36,
ganó el frente popular frente a las candidaturas de las derechas.
Cuando la izquierda llega al poder la gente que la ha votado no es ya
la misma que la había votado en el 31. Algo ha cambiado, hay más
experiencia. Los partidos de izquierda llegan al poder pero las bases
se guardan el poder de acción. No esperan que haya una amnistía si no
que pasan a la acción y de inmediato abren la puerta a 80.000 presos.
Los campesinos no esperan a que se reinicie el debate de la reforma
agraria si no que se lanzan a ocupar las tierras. En el mes de marzo
son 80.000 los campesinos que en Extremadura, Andalucía y La Mancha se
incáutan de los feudos. No toman la tierra para ellos sino que la
colectivizan, la toman para trabajarla en comunidad. En marzo de 1936
se inicia la revolución de manera pacífica.

-Sin embargo, al gobierno republicano no parecía que le gustara mucho lo que estaba empezando a pasar.

- Es
verdad, el gobierno de Azaña no lo ve con buenos ojos. A ningún
político le gusta verse desbordado por las bases, pero tampoco puede
enviar guaridas civiles a expulsar campesinos. Y las comunidades
agrícolas empiezan a desarrollarse. Mientras tanto la derecha se
precipita hacia el golpe militar. Aleccionada por la revolución de
octubre fortifica sus alianzas. Por otra parte, cuando se proyecta el
golpe militar la alianza entre CNT y UGT también se había consolidado.
- Esa
alianza incipiente era una amenaza terrible para las clases
conservadoras. Quizá les hizo acelerar la preparación del golpe.
- En
parte sí, pero no se puede separar el conflicto español del contexto
internacional de la época. Es el momento de auge de los fascismos, está
el problema de Marruecos. No se trata de un problema doméstico si no
que está internacionalizado y es desde ese momento que nosotros ya
hemos perdido la guerra. Franco asegura a Inglaterra y a Francia un
régimen fuerte que garantiza la propiedad privada y su posición en el
Mediterráneo. Desgraciadamente, España es el punto más estratégico del
Mediterráneo. Es en ese contexto que puede afirmarse que desde el
principio está perdida la guerra. ¡Claro que hubo revolución en España!
Pero en un contexto internacional en el que no podía sobrevivir. Hay
aspectos de nuestra guerra que han sido silenciados. Por ejemplo el
problema de Marruecos. La fuerza militar de Franco está en Marruecos.
Cuando estallas el conflicto en España los obreros están desarmados. La
república no les da armas. A pesar de ello los obreros derrotan en
Barcelona a los sublevados y Barcelona eran en aquellos momentos el
faro de España. Si ellos hubieran conseguido dominar Barcelona, se
habría perdido desde el primer momento pero al derrotar a los fascistas
en 32 horas, se envalentonó todo el mundo y Madrid también les derrotó.
Cuando se supo por radio la noticia de que Goded había sido hecho
prisionero en Barcelona y de que la revuelta había sido dominada, le
fueron a decir a Azaña: “Presidente: los catalanes han derrotado al
ejército. Goded ha sido hecho prisionero”. Azaña contestó: “Eso no
puede ser, es un cuento que están propagando los catalanes. Anda, ponme
con Companys. Oye, Lluís -se trataban así-, ¿qué pasa ahí en
Barcelona?” Companys le dijo: “Nada, que somos los amos”. “¿Cómo, los
amos? ¿Pero qué ha pasado? ¿Qué es eso de que está preso Goded?” Sí,
sí. Lo tengo aquí conmigo en mi despacho”. “Y como ha sido?” “Pues ya
ves, esos anarquistas locos que se han echado a la calle”. A partir de
ahí empezó todo el follón. Son tantas cosas...

- Me contaba lo de Marruecos...

- Sí,
la noche del 18 al 19 de julio Franco ya se había hecho su programa.
Ellos habían confiado mucho en los 35.000 hombres que tenían en África,
pero tenían que trasladarlos a España. Azaña, muy equilibrado, encargó
un gobierno de crisis a Martínez Barrio y que se pusiera en contacto
con los facciosos. Es cuando Mola le dijo: llegas tarde, esto es
imparable. Así Azaña encargó un nuevo gobierno a José Giral. Éste, sin
consultar a Azaña armo a los trabajadores socialistas (no a los
anarquistas). Empiezan a prepararse milicias en Madrid. Manda un
telegrama Leon Blum pidiendole armas para combatir el golpe militar. Lo
pide con fuerza porque Francia se había comprometido a abastecer de
armas al pueblo español cuando lo necesitara, armas pagadas por
adelantado con un depósito en la banca francesa. Hay un pacto firmado.
Pero la burguesía francesa se niega. Blum se desplaza a Londres y allí
le dicen que no se meta, que se maten entre ellos. Es cuando el idea el
pacto anti-intervención, es una manera de apoyar a Franco y de perder
la República. Francia que estaba obligada a ayudar se niega. Marruecos
es un problema muy importante. España no había firmado un protectorado
con el Sultán. España estaba en Marruecos por presión de los ingleses
que no querían que Francia se pusiera enfrente de Gibraltar. Así,
España queda como gendarme de Gibraltar. Hay un acuerdo en 1904 entre
Francia y España para repartirse Marruecos: Francia se compromete en el
supuesto de que España no pueda garantizar el orden a ayudarla. España
se compromete a que no dará la independencia a su zona ni apoyará a
otra potencia. Giral le recuerda este punto a Francia. Es el momento de
que Francia entre en juego, pero no lo hace. Los fascistas pasan sus
tropas a la península con ayuda de Hitler. Pero aquí intervienen los
anarquistas, formando un comité de milicias, que se crea el 21 de
julio, y la gente que forma parte de ese comité asume la consejería de
defensa de la Generalitat. Se encontraba aquí un representante de la
liga árabe. Se intentó un acuerdo con los resistentes marroquíes. Este
representante se va a Ginebra, donde habla con los representantes de la
liga. Ellos se comprometen a alzar las cabilias e impedir que Franco
siga nutriendose de las levas marroquíes. Firman un acuerdo pero los
árabes del Comité de Acción Marroquí eran todos gentes del aparato:
propietarios, burgueses. Dicen: estamos de acuerdo con vosotros los
catalanes pero lo que hemos firmado tiene que estar avalado por el
gobierno central. Entonces se desplazó una comisión a Madrid. Julián
Gorkin, por el POUM, Jaume Miratvilles por ERC, Aurelio Fernández por
la CNT y Rafale Vidieia por el PSUC. En Madrid les dijeron: como se les
ocurre a ustedes los catalanes asumir una cuestión internacional. Largo
Caballero se lo comunicó a Blum, y éste le dijo que ni hablar. Blum
tenía muchos problemas en el Marruecos Francés y los ingleses tenían
problemas en Egipto: si armamos el follón en el Rif, los alzamientos
podrían correr como un reguero de pólvora. Los anarquistas sabían que
sería fácil aproximar la revolución al sur porque eran pueblos atrasado
económicamente. Y sabían que al norte sería más difícil con los
comunistas y los socialistas. Fueron problemas internacionales muy
enrevesados. Largo Caballero se arrepintió. Blume también, pero mucho
más tarde. Largo Caballero intentó ceder Marruecos a ingleses y
franceses para que ayudaran. Todo esto va unido a la cuestión de que
nuestra guerra se produjo en un contexto internacional que podríamos
considerar como el capítulo final de un período histórico en el que en
cierto modo el honor del proletariado es salvado por los proletarios
españoles que hacen la revolución más profunda que se conoce en la
historia, como he dicho más que la revolución rusa. Incluso se puede
decir que la revolución española enlaza con la comuna del 1500 y con la
comuna de París. Es la heredera de todos esos procesos históricos.

-¿La revolución que grado de penetración tuvo en el tejido económico?

- En
Cataluña, se puede decir que toda la industria quedó colectivizada.
Luego surgió el problema de los inversionistas extranjeros que
empezaron a reclamar, a quejarse a los embajadores... Hay que tener en
cuenta que la economía española estaba un 45% monopolizada por el
capital extranjero, una cosa parecida a la de Cuba cuando la
revolución. Y una revolución quiere intervenirlo todo porque si quedan
bolsas de miseria entonces no es una revolución. Nosotros
colectivizamos los tranvías, metro, industria... Aquí todo era textil,
no había industria pesada y hubo que crearlas con las 50 fábricas que
se crearon de armamento. Lo curioso es que a los 15 días de revolución
ya se fabricaba trilita, dinamita y obuses. Antes habían fábricas
importantes pero sin grandes concentraciones de obreros. El comité de
milicias formó un comisión y unificó a tres sindicatos: Químico,
Metalúrgico y minero para formar la industria de guerra. Allí se puso a
Eugenio Vallejo, un obrero metalúrgico, en poco tiempo se recogieron
todos los tornos y fresas disponibles de entre los muchos pequeños
industriales repartidos por Cataluña y se logró concentrar diez
fábricas en grandes solares que lograron emplear a 150.000 trabajadores
en tres turnos. O sea que la gran concentración industrial que la
burguesía fue incapaz de realizar la realizamos nosotros, todos los
trabajadores. Todo esto estuvo administrado por los comités de fábrica
y los sindicatos hasta 1939. Hubo una injerencia oficial del ministerio
de defensa que quiso intervenir. Nombró directores para la fábrica y
cuando llegaron ocuparon despachos, pero nada más. De allí no salía ni
una bala, ni un fusil si no era con lo firma del comité de defensa.
Podía salir sin la firma del director pero no sin la del comité.
Estuvieron siempre administradas por asambleas. Lo máximo que se puede
alcanzar en una revolución parcial como era la nuestra. En la industria
textil se funcionaba igual: con comités de fábrica coordinados por el
consejo de economía, nombrado por los sindicatos. Sobrevino las crisis
de las materias primas. No se podía producir debido al embargo. Los que
mejor se lo montaron fueron los valencianos, que se organizaron muy
bien. El ministro de agricultura, comunista, intentó intervenir en eso
sin conseguirlo. Valencia exportaba cítricos a Inglaterra y con las
divisas compraba lo que necesitaba. A pesar de las pegas que ponía el
ministerio de agricultura esto se mantuvo así hasta el final de la
guerra. Había problemas de abastecimiento, de comida. En Valencia, el
consejo técnico trabajó la chufa, la manipuló químicamente y llego a
extraer una leche con calidad suficiente para amamantar. Se trató
químicamente la fibra vegetal. Luego los americanos inventarían el
nylon con el mismo procedimiento. Era un revolución obrera. Y los
obreros no tenían grandes conocimientos técnicos pero sí prácticos.
Así, se crearon los institutos obreros para chavales como yo. Allí, a
marchas forzadas te especializabas en economía, química, estudios muy
concretos. Y eso aportó gran cantidad de jóvenes en condiciones de
poder mejorar la agricultura, por ejemplo en Aragón. Allí toda la
agricultura quedó colectivizada. Y a los campesinos les dio la manía de
hacer estudios de agronomía, para cultivar mejor las tierras, para
hacer granjas experimentales. Todo eso era lo que iba a dar la base
esencial de la economía de la revolución. En Aragón fue donde más se
colectivizó la tierra.

-¿Y en Cataluña, donde tú estabas?

- En
Cataluña se tropezó con organizaciones catalanistas como ERC, el campo
era de otra manera. Los pequeños propietarios tenían sus cultivos
diseminados en minifundios, con un pedazo aquí y otro allá. Ellos
tuvieron la gran virtud de unir todas las tierras para producir más y
con menos cansancio. Así pasó en Aragón y menos en Cataluña. Líster
decía estúpidamente que las colectividades fueron impuestas. Siempre
había gente en desacuerdo claro. Pero la ambición era eliminar la
propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre. Darle a la
mujer ventajas que nunca había tenido... Por ejemplo una de las
primeras cosas que aportaron las colectivizaciones fueron los lavaderos
colectivos, las guarderías, escuelas donde no había. La mujer ganó
tiempo. En una colectividad donde viví, las mujeres jóvenes utilizaban
ese tiempo creando cuadros escénicos, haciendo teatro, o con otras
iniciativas culturales... La que mas sabía ayudaba a la que menos.

-¿Fueron muy traumáticas las expropiaciones de las fábricas?

- Pues
no: a veces los dueños se quedaron y colaboraron pero en general cuando
amos y técnicos vieron que los trabajadores se echaban a la calle y
derrotaban al ejército se esfumaron. Cuando entrabas en las fábricas,
ya solo quedaban las máquinas. Los obreros se encontraba solos y se
dijeron: ¿Qué hacemos?. Y se pusieron a trabajar formando comités para
hacer funcionar las fábricas. Yo tuve la suerte de pasar por toda clase
de experiencias. Pasé por una calderería, por un instituto obrero,
estuve en el campo... El jefe de la calderería tenía 50 obreros pero
era un hombre muy campechano. Cuando le colectivizaron la calderería se
presentó y dijo: yo me quedo, ¿qué hago?. Soy técnico, ¿os puedo dar
consejos?. Y allí estuvo, cobrando un salario como los demás. Y después
fue a la cárcel como los demás. Incluso se colectivizaron las
barberías. Me sorprendí cuando en la revolución de las cláveles, en
Portugal, llegué allí en avión. Salgo del aeropuerto y veo a un tío
limpiando zapatos. Me dije, ¿qué clase de revolución es esta?. Y le
dije al tío: ¿qué haces limpiando zapatos?. Es mi oficio contestó el
otro. ¿La revolución no te ha liberado aún de la caja de zapatos?. Y le
pegué un puntapié a la caja. Eso se terminó, que cada uno se limpie los
zapatos en casa.

-¿Qué pasó con las empresas extranjeras?

- Estuvieron
controladas hasta el final de la guerra. Pero es curioso, en la cámara
de la propiedad están los balances de aquella época... Cuando llegaron
los propietarios de nuevo, en el 39, se encontraron que sus fábricas
tenían superhábit y una mayor producción que antes de la guerra. Ahora
ha salido a la luz la contabilidad de la época. Desde el punto de vista
económica aquello no fue un fracaso, porque no fue una economía
dirigida sino una autogestión. No fue la autogestión de Tito: en Rusia
tampoco hubo autogestión. Uno de los grandes errores es que cuando se
crearon los soviets de fábrica y se dirigieron directamente a los
mineros para abastecerse inmediatamente llegaron los interventores del
estado y la intervención derivó en la parálisis de los primeros tiempos
de la industria soviética. La antigua estructura sindical sirvió de
columna vertebral al desarrollo de la economía obrera. En Rusia no
existía eso, tuvieron que inventarlo y fue una revolución campesina más
que otra cosa. Nosotros dimos soluciones a muchos problemas que se han
planteado después. Por ejemplo, Tito copió muchas cosas de nuestra
economía, desgraciadamente con carácter autoritario, centralista.

-En la discusión de si es
mejor una autogestión dirigida por el mercado o una economía totalmente
planificada, en el caso de la revolución española hubo una
peculiaridad, que es que las necesidades de la guerra imponían una
determinada manera de producir. Pero en unas circunstancias en que no
hubiera habido guerra ¿la revolución habría optado por una economía de
autogestión con mercado?

- No
creo. No porque en España habría tenido que existir como mínimo un
sistema mixto. Si no nos habríamos encerrado en una especie de
autarquía. Tampoco teníamos grandes pretensiones. La gente solo
pretendía vivir, aunque fuera pobremente, con dignidad. No te importaba
ir con alpargatas pero querías tener por lo menos las alpargatas, un
trozo de pan con aceite y un ajo. Se practicaba mucho el intercambio.
Aragón hacía muchos intercambios con Tortosa, por el arroz. Lo
importante es que hubiera lo básico. Nosotros dimos un valor a las
cosas que nada tiene que ver con la concepción marxista del valor, ni
con la capitalista. Creamos una moneda no acumulativa sin valor alguno,
los bonos. Tu en la colectividad lo tenías todo pagado. El único
control que tenías era el de la comunidad, el de tener que ir a
trabajar. Si el domingo tenías ganas de ir a otra colectividad,
utilizabas los bonos porque no formabas parte de esa otra colectividad.
Si querías tomar un café en algún otro sito pagabas con los bonos. Pero
no eran dinero. Era un elemento de control. Con ellos tampoco podías
comprar alpargatas o pantalones porque ya te los daban en tu
colectividad. No podías decir: tengo 10.000 ptas. en bonos. ¿Qué ibas a
comprar, si no había nada que pudieras comprar con ellos? Nosotros, en
nuestra colectividad teníamos aceite. Era difícil calcular las
cantidades con que se debían hacer los intercambios pero había otra
mentalidad. A la gente de Tortos se les daba más aceite de lo que valía
el arroz.

-¿Se consiguió hacer desaparecer al 100% el dinero en las colectividades?

- Si,
en muchos sitios en el campo dejó de existir. Aunque en la industria el
asunto era más delicado. Pero por ejemplo el problema del alquiler
estaba resuelto. Con la comida no había problemas, podías comer en la
fábrica o en la cantina. Un hombre casado con dos hijos podía ganar lo
equivalente a cuatros personas. Un soltero ganaba menos claro. Si un
soltero tenía a su cargo a su madre tenía una prima. Se trataba de un
salario familiar menos arbitrario que el convencional.

-¿En cualquier caso de la revolución no ha quedado nada, ni siquiera la memoria? La derrota militar lo borró todo.

- Nosotros
ganamos la revolución, lo que perdimos es la guerra. La revolución
consiste en que los trabajadores se hagan dueños de los instrumentos de
trabajo y no fracasen en la gestión de los medios de producción. La
revolución no fracasó, fue derrotada militarmente. Quizá con el tiempo
se hubiera desarrollado una burocracia paralizante pero eso nunca lo
sabremos. Hay victorias que son derrotas y derrotas que son victorias.
Si lo de Rusia fue una victoria, ¿quién venció?, ¿los obreros?. No. En
cambio la comuna de París fue una gran victoria obrera. Lo nuestro,
también. Fue una victoria revolucionaria aunque se produjo una derrota
militar. Llevamos la revolución hasta donde nos fue posible.

-El olvido de esa revolución que tú viviste, que vivieron tantas personas que aún están vivas es ciertamente incomprensible.

- Se
ha querido olvidar. Ha habido la voluntad política de ocultarla. Sí,
porque hay mucho miedo. El anarquismo está muy enraizado en España. El
orgullo, la resistencia son valores propios de nuestra gente. Entre
nosotros la anarquía es una actitud natural que nace de la rebeldía
ante la injusticia, no es una teoría. El ser humano de cualquier época
tendrá siempre ese espíritu de rebeldía. Hoy hay un anarquismo virtual
en los okupas, en los insumisos, en la lucha feminista, en todas esas
luchas parciales y es bueno que se desarrollen paralelamente a la lucha
política porque un partido político ahogaría todo eso. En ese aspecto
soy bastante optimista, pienso que puede resurgir porque nosotros aún
somos rebeldes. Lo que para otros es modernidad, en realidad es una
moda. Me gustaría que se formara una plataforma donde estuvieran los
okupas, los ecologistas, feministas... en un pacto solidario. Esas son
las nuevas formas de organización. Hay mucho anarquismo en la calle, en
el individuo, pero eso no se puede organizar. Yo quiero esperar que el
futuro no sea barbarie, sino socialismo. El capitalismo no sabe a donde
va: ha perdido el rumbo y quiero ser optimista, y por eso pienso que el
tercer mundo nos va a dar muchas lecciones.

 


 

 

Fuente: Alasbarricadas

 

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Abel Paz (Almería, 12 de agosto de 1921 -
Barcelona, 13 de abril de 2009 ) es el pseudónimo de Diego Camacho,
escritor, historiador autodidacta y militante del movimiento
libertario. Hijo de de una familia de jornaleros del campo, condición
que le hizo aproximarse a ideologías anarquistas al observar las
diferencias de clases entre obreros y burgueses en su infancia y
juventud. Entró a formar parte de las Federación Ibérica de Juventudes
Libertarias y la Confederación Nacional del Trabajo.

Se trasladó
a Barcelona cuando sólo contaba ocho años de edad, estudiando en la
escuela nocturna del Clot. En 1936 luchó en los grupos de defensa
confederales del Clot y participó en el grupo Los Quijotes del Ideal.
En 1938 combatió con las milicias confederales en el frente de Artesa,
en Lérida, durante la Guerra Civil Española, refugiándose en Toulouse,
Francia, en 1939 al caer la Segunda República Española. Fue internado
en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, y en los de Bram,
Saint-Cyprien, y Le Barcarès, y posteriormente forzado a trabajar en el
muro del Atlántico para el Partido Nacionalsocialista hasta 1941.

Regresó
a la España franquista y fue encarcelado dos veces. Luego volvió a
Francia, y no regresó nuevamente a España hasta 1977 estableciéndose
definitivamente en el barrio de Grácia en Barcelona.

Colaborador
en la prensa libertaria, conferenciante en múltiples actos, también
destaca como un prestigioso escritor, convirtiéndose en el biógrafo
oficial de Buenaventura Durruti. Su biografía sobre Durruti ha sido
traducida a catorce idiomas.

Él mismo se define como anarquista
y su significado en la entrevista concedida en 1997 a "Espai de
Llibertat" con estas palabras:[1]

Soy anarquista y ser
anarquista es ser una persona coherente (paz espiritual, la
tranquilidad, el campo, trabajar lo menos posible, el suficiente para
poder vivir, disfrutar de la belleza, del sol. Disfrutar de la vida con
mayúsculas, ahora se vive en minúsculas). Tener una conducta personal.
Llevar las ideas a la práctica al máximo, sin esperar que haya una
revolución. Eso se puede hacer ahora. Es una concepción filosófica, es
un estado de espíritu, una actitud ante la vida. Pienso que esta
sociedad está muy mal organizada, tanto socialmente, como
políticamente, como económicamente. Hay que cambiarlo todo. El
anarquismo invoca una vida completamente diferente. Trata de vivir esta
utopía un poco cada día.

Desde entonces, hasta su muerte,
promueve numerosas conferencias relacionadas sobre el anarquismo y la
revolución de 1936, en el ámbito libertario y cenetista.

Algunas de sus obras

  • Durruti: el proletariado en armas (traducida a catorce idiomas), reeditado en 1996 como Durruti en la revolución española

  • Crónica de la Columna de Hierro

  • Paradigma de una revolución

  • Al pie del muro (Memorias 1942-1954)

  • Los internacionales en la Región española

  • Entre la niebla (Memorias 1939-1942)

  • Chumberas y alacranes (Memorias 1921-1936)

  • Viaje al pasado (Memorias 1936-1939)

  • La cuestión de Marruecos y la República española

  • CNT 1939-1951. El anarquismo contra el Estado franquista

  • Co-guionista de los documentales "Durruti, en la revolución española" (Fundación Anselmo Lorenzo)

  • "Vida y muertes de Buenaventura Durruti" (Els Joglars)
    JPG - 172.9 KB

    Bibliografía

  • Abel Paz. Entre la niebla. Memorias 1939-1942. Barcelona, edición de Abel Paz, 1993.
    http://barcelona.cnt.es/pivot/entry.php?id=616