
Va siendo hora de que salgan a la palestra 'otras' bandas, esas que no suenan exactamente esto o lo otro, post o pre, más europeas o más americanas, de influencias claramente pop, rock o folk, sino que regalan pequeñas dosis de todo ello, que, trashumantes, aparecen influenciados de aquí y de allá, como es el caso de estos catalanes devotos de Captain Beefheart, Black Rebel Motorcycle Club y The Modern Lovers. Inq parecen querer tomar el camino de lo complejamente básico; ecos velveteros y actitud antihype resuenan a lo largo de los once cortes de "Angst Under The Red Light".
El inicio con "Toothy Monster" presagia el disco que, por cambiante, luego no será, múltiples texturas pop-rock se van sucediendo, desde un amable y lleno de diversos matices indie pop ("Angst Under The Red Light", "Monday 9:00 PM"), empatías clavicórdicas ("How Sensitive"), devaneos folkies ("The Saddest Chord", "I Hate The Songs About People Missing Trains"), rock velvetero ("Wisdom monkeys"), coros a lo Kim Deal sobre guitarras súper eléctricas, surf de escarabajos ("Craving For A Time Machine"), hasta puntuales experiencias instrumentales ("The End Of Complacency") e incluso cierta oscuridad post punk ("Doomed").
El cuarteto reusense golpetea las guitarras de manera velevetera permitiéndose ciertas licencias extravagantes, carrillón a la cabeza, creadoras de atmósferas electricaloides y angustiosas al teclado, que, sin embargo, (y ahí un gran triunfo de la banda), nunca consiguen escaparse del intenso pop de sus composiciones, dotadas de una energía y vitalidad nunca gratuitas, siempre dirigidas hacia mil vertientes pop, el pop con mayúsculas en su acepción de música popular, y que viajan por el rock'n roll y el punk más clásico y escarban en la troupe de Reed y Cale y en las roots americanas, esto es, electrónica de lado, gran parte de la música disfrutable existente. Y aglutinarla en un álbum de debut establece un listón altísimo que irradia cultura musical y mucha capacidad de síntesis.
El Conde Brocken