El espejo
- Yo y nadie más que yo, pongo en entredicho la realidad comúnmente aceptada. Yo soy la frontera entre la vida aparente y la vida real. Dicen que a veces distorsiono la realidad, pero yo no lo veo así. Cada vez que alguien se asoma a mí se suicida un poco, como en el retrato de Dorian Gray. Entre las personas y yo, o lo que es lo mismo, entre la realidad y yo se instala una suerte de nebulosa que facilita la relación entre ambos. Soy el único que dice la verdad sin mediar palabra y nadie me insulta o me rompe en mil pedazos por ello. Y la realidad, la verdad es tan desagradable que todo el mundo prefiere ignorarla: la diferencia entre el aspecto que la gente tiene y la forma en que se ven a sí mismos bastaría para matar a la mayoría de la gente. Doy fe. Y si yo hablara, que lo voy a hacer… Mi experiencia me avala. Mi experiencia me agota también.
>>Hay momentos en los que reconozco quién se mira en mi superficie y otros en los que no. Es curioso que sea así y no a la inversa, que es lo que normalmente se suele pensar al respecto. Hay veces en las que reconozco a un Paco vitalista, eufórico que desde la sonrisa socarrona de su cinismo quiere espetarme, a veces hasta con palabras sonoras invirtiendo para ello cierta carga de absurda alegría:
- Mira tío, al final me di cuenta de que se sobrevive a todo. Se te cae el mundo encima muchas veces, te sacudes los escombros y sigues adelante.
>>Sin embargo, otras… Otras, es otra cosa. Admitámoslo: Paco padece alteraciones ciclotímicas. A veces actúa como si le hubieran quitado el suelo de los pies. Ese paso de la euforia a la depresión, del cielo al infierno, esa caída… Paco es, creo, un poco maníaco-depresivo como su hermana Juana. Quizá no a esos niveles psiquiátricos. Él procura no exteriorizar las alegrías excesivas ni las aflicciones exageradas. A veces. Paco tiene trastornos del carácter. Pasa de la calma a la agitación en cuestión de segundos. Hay algo dentro de él que lo impulsa a estar mal. Al menos, él solo -sin necesidad de terceras intervenciones- se cuestiona si va camino de la locura a secas, lo cual deja en evidencia mis planteamientos: nadie en su malsano juicio teme plantearse ese tipo de pre-destinamientos. Simplemente, se deja llevar. Al fin y al cabo la locura no es más que un desplazamiento dentro de la razón, una manifestación de la lógica misteriosa de la que formamos parte.
>>Volver a España supuso para Paco un reencuentro adorable con la vida y con la muerte. También con la demencia ahora sosegada, si hablamos de su hermana. Sintiéndose querido por sus familiares y amigos y devolviendo, en contrapartida, ese favor. Familiares vivos y muertos. Hablamos de su visita al cementerio en busca de sus abuelos muertos, en busca de una tregua, del perdón con un par de jarrones y ramos de 'crisantemos', como aclaró que eran la dependienta de la floristería próxima al cementerio. No faltaron los repasos, las miradas de reconocimiento, los comentarios omitidos de desaprobación. Nadie lo decía, pero en ambas direcciones todos pensaban que los otros habían envejecido demasiado. A veces, físicamente. Otras, el desgaste, el cambio, la erosión había sido más en cuanto a mentalidad. Y habían envejecido mal en la mayoría de los casos.
>>Paco me mira y me pregunta: espejo, ¿acaso he envejecido? Dicen que quien calla otorga. Pero a Paco le aterra más engordar que envejecer, todo sea dicho de paso. De hecho desde que envejece en Berlín se siente más atractivo, se acepta. Doy fe. Su amiga Pilar lo describió de esta manera: '¡Hasta se te ve alegre!' Su vieja compañera de instituto. Y eso un ciclotímico consciente lo agradece enormemente. Montse, Roger, Mónica, Diana, Pati, Carmen Julia, Ruth, Vanesa, Patricia, Patri, Sonia, Betty, Petro, Cucu, Alberto, Jessica. Y otros. Otras personas de otro tiempo que todavía quieren formar parte de Paco. Como miembros de una sociedad privilegiada y secreta. Así lo ve él sin necesidad de otro espejo. Porque Paco también posee facultades especulares: refleja apariencias y situaciones reales que en realidad son ficticias. Refleja espejismos, si jugamos a ser metafóricos, ¿acaso no soy yo el más adecuado para hablar de ese recurso literario? Sin embargo, es tal su levedad vital que en ocasiones pienso que sólo la percibo yo.
>>Aquí estoy yo: espectador fiel de vidas idénticas, existencias clonadas, dificultades y rutinas semejantes. Superficiales y profundas. Incluso más allá de mis entrañas, me atrevería a decir. Aquí estoy yo para desbaratar a ignorantes acreedores de vidas únicas, de rasgos irrepetibles, de defectos deseables. Paco a veces me mira, pero ni siquiera me ve. Ni siquiera a él mismo, a veces. Otras, ocurre al revés: trata de vislumbrar lo que hay dentro, a este lado. Aquí, quiero decir. A veces se refleja en mí con la expresión característica de un desequilibrado: los ojos no miran en realidad a ningún sitio, al menos a ningún sitio que se encuentre en este planeta. Ni en el suyo ni en el mío.
>>Los fantasmas del pasado de Paco pretenden zafarse de su reflejo, pero yo me fijo en ellos, les devuelvo la ridiculez y la vacuidad de un reflejo que pretenden misterioso e interesante y me río. Me burlo de su insignificancia. Trato de trasmitir mi sabiduría a Paco cuando me mira, pero es inútil: habitamos realidades divergentes, complementarias. Aquí está Dirk casi un año después reclamando de nuevo la parte de la gloria que en realidad no le corresponde. Enrollándose de nuevo con Paco. Pasando otra noche de ensueño, otro espejismo, en realidad, con él. Creando expectativas que luego se encargaría de fulminar a los dos días. Otro ciclotímico pero de los de verdad, no un mero aficionado como Paco.
>>Dirk no sólo eclipsa otra vez de esta manera la apariencia de Paco, sino lo más trágico: una probable relación con Ulf –el chico de la revista Zitty- que ya difícilmente tendrá lugar. Ulf nunca dio señales de vida hasta que descubrió su nombre en este blog por mediación de algún amigo, argumentó. Contactó con Paco a través de Myspace e incluso quedaron. Pero las citas futuras se truncaron en cuanto irrumpió la fuerza trascendental de Dirk. Fuerza trascendental para Paco, debemos aclarar. Yo os diré acerca de la realidad verdadera de Dirk: Dirk es un inmaduro emocional peligroso capaz de convertir las carencias y deseos de otra persona en monstruosidad vil. Uno de esos tipos maquiavélicos donde yo ya sé cuando me está mirando el portador o el Mr. Hyde que más que habitar dentro, comparte identidad y sobre todo: apariencia física, cosa harto complicado. Aunque créanme: puede hacerse, doy fe.
>>Paco es incapaz de llevar una vida convencionalmente saludable. Capaz de convertir la más leve adicción en un vicio, un hábito que le proporciona inconmensurable placer. Para entender los estados de ánimo de Paco no tengo que hacer ejercicios de paciencia increíble, yo simplemente me encargo de detectarlos, nada más. Eso los dejo mejor para sus amigos. Decía Ismael que era capaz de adivinar el estado de ánimo de Paco tan sólo prestando atención a cómo abría la puerta de su habitación cada mañana. Yo eso no lo puedo probar, desgraciadamente. Líbrame Señor del trámite de asomarme a la cara de Paco un lunes después de la decadencia, momentos antes de la decrepitud.
>>Los que se miran en mí me liberan de la presión del protagonismo para atraparse ellos. Todos haciendo ineficaz nacionalismo de sí mismos. ¡Míralos! Paco se asoma a mí con mucha frecuencia, de un modo regular, hasta enfermizo. A veces me he fijado en Paco devolviéndole su reflejo, quiero decir, con una piedad a la que con el paso del tiempo, he logrado despojar de lástima. El problema entre Paco y yo es que no nos colocamos en el lugar adecuado para observar la realidad. Entre la fascinación y la incredulidad. Por eso a veces vemos muerte, dificultades, obstáculos…, donde sólo hay desplazamientos de vida. En ambas direcciones.
>>¡Y nos encanta la vida! Como Paco a veces dice: nunca sabemos lo que está preparando para nosotros. Ni siquiera yo, que no soy un aprendiz de pitonisa sino que más bien he ido atesorando ciertos conocimientos psicoanalíticos porque soy muy buen observador, eso es todo. Los días pasan, los meses también. El pelo se va. Las arrugas, sin embargo, se quedan. Los kilos también. Doy fe, es mi sino, ¡coño! Paco cierra la última semana repitiendo curso de alemán, compartiendo con su compañero de piso, Rafi, juergas y bienestar, repudiando a Maik por haberse enrollado con uno de sus amigos, añorando a John, otro de esos polvos anónimos que lo han hecho vibrar como pocos amantes saben. Aprendiendo, envejeciendo, muriendo.
>>John ocupa ahora el espacio del espejo que generalmente queda reservado a su persona -a Paco, quiero decir- cuando se asoma a mí. John no va a volver porque vive en Londres. Ni existe forma tangible de contacto. Así lo decidieron los involucrados en la historia no intercambiando nada después de la piel. Como dice Ismael, a Paco lo atrapa cualquier historia que tenga un solo elemento capaz de convertirla en imposible. Ahora solamente debe confrontar su viaje a la Toscana la semana que viene. ¿Encuentro o desencuentro con Michele?
>>A mí también me gustaría alcanzar el otro lado, ¿sabes? ¿Por qué todo el mundo quiere estar en el mío? Caso cerrado. Deuda cancelada. Todo está roto. Yo todavía no. Pero no tardaré en estarlo cuando Paco deje finalmente de reflejarse en mí. Cuando sucumba ante la intensidad de su propio retrato. Ante la energía de su propia identidad. Cuando ya no me necesite para nada.>>