1
Seré
tu espejo. Reflejaré lo que eres, en caso de que no lo sepas. Seré el viento,
la lluvia y el atardecer, esa luz en la puerta que indica que has llegado a
casa. Cuando pienses que la noche se ha instalado en tu cabeza, que en el fondo
eres retorcido y cruel, deja que me quede para mostrarte que estás ciego.
Por
favor, baja los brazos, que ya te veo. Encuentro difícil de creer que no sepas
lo hermoso que eres, pero, si no lo sabes, déjame ser tus ojos, una mano a la
que te agarres en la oscuridad para no tener miedo.
Seré
tu espejo. Reflejaré lo que eres, en caso de que no lo sepas.
*
Ella pinta. Por la pequeña ventana de la buhardilla
entra mucha luz, por eso acabo de apagar una anticuada lámpara de pie que se
encuentra a su izquierda, ahora inútil. Dudo de que le sirva de algo. No sé
nada de pintura. Por ejemplo, cuando me enseña uno de sus cuadros, sólo puedo
mostrar admiración. Quiero decir que quizá no puedo apreciar lo que hace en su
justo valor porque todo lo que me enseña me parece tener gracia. Además su
estilo es muy variado y casi siempre me sorprende. No es que cada cosa que haga
sea completamente distinta de las anteriores. Lo que pasa es que ese algo,
simplemente, no permite establecer una secuencia razonable. Es cómo un
acertijo. Esta vez está utilizando aerosoles de esos de pared directamente sobre la tela blanca. Está intensamente
concentrada en su trabajo. Parece disfrutar mucho.
*
El
vehículo que articula la propuesta de Blanco (París, 1973) es esa manera más en
boga que nunca de renovación del significante pictórico, cuya base es un
colapso estratégico.
La
búsqueda del efecto de Provisionalidad, tal y como lo ha descrito
Raphael Rubinstein.
La
pintura desenvolviéndose como si la cosa no fuera con ella.
Los
gritos y abismos románticos sustituidos por lo casual, lo distendido, lo
aparentemente en fuga y no buscado.
La artista pone en marcha un compendio bien calculado de modernismos, su
revisión de las vanguardias históricas y de los planteamientos esenciales de la
abstracción estadounidense, de lo gestual al campo de color aunque...
2
Con el comienzo de la primavera, había vuelto de un
viaje de siete semanas en el carguero Trein
Maersk tras haber recorrido la distancia que media entre el puerto de
Yokohama, en Japón, hasta Halifax (Nueva Escocia, Canadá), en el círculo polar
ártico. Hacía algunos meses un antiguo colega en la facultad de ciencias, ahora
importante empresario naval, conocedor de su necesidad por recoger información
de cualquier tipo sobre el medio marino, le había invitado a navegar con él en
uno de los barcos de carga de su compañía que llevaba a cabo aquel largo
recorrido. El viaje era una oportunidad única y no había podido negarse. En su
recorrido por los océanos Índico y Atlántico a través del Canal de Suez había tomado
abundantes muestras directas de agua y organismos y llenado el disco duro de su
portátil con fotografías, vídeos, cálculos y textos con vagas tesis.
*
De vuelta a Madrid encuentra extraña la casa en la
que vive, un pequeño piso del centro. No le pide nada al lugar donde habita,
igual que no le pide nada a su existencia. Funciona, simplemente eso. Convierte
cada pequeño esfuerzo en un objetivo alcanzado. Ata sus actos lejos de
consecuencias no contempladas. Él mismo dice que su cabeza funciona conforme a
un orden científico, casi castrense. Casi todos los días da un largo paseo en
coche por la zona excluida del centro. Le gusta conducir por aquellos barrios
que orbitan, como satélites, en torno al núcleo de la ciudad. Si quiere
rodearse de árboles prefiere hacer las seis horas de carretera que separan su
garaje de la pequeña casa situada en una zona boscosa del suroeste de Francia.
La heredó al morir su padre y allí se siente mejor que en ningún otro sitio en
tierra firme.
*
Aunque
ya comienzan a ser numerosos los visitantes del norte de España que exploran
Las Landas de forma más intensa, este inmenso departamento francés (el segundo
en extensión de todo el país) conserva un extraño halo para el resto de
nuestros compatriotas, que raramente se atreven a adentrarse en el misterioso
pinar que cubre la región.
Considerado hasta hace poco más de cien años como el Sáhara francés, Las Landas
se han transformado desde Napoleón III, bajo cuyo reinado desaparecieron sus
temibles ciénagas, erradicándose todos los peligros que convertían a esta
tierra en una de las más peligrosas y desamparadas de Francia.
Para
el viajero que viene de la zona centro de la península ibérica, lo mejor es
pasar la primera noche en el extremo sur de la costa, en Cap Breton o Hossegor,
que fueron puestos de moda a principios del siglo XX por personalidades como
André Gide o Ravel.
La principal explotación de la región es la cría de patos y ocas, que permite
desarrollar la industria artesanal del foie-gras y...
3
Cuando considero la corta duración de mi
vida, absorbida en la eternidad precedente y siguiente (el pequeño espacio que
ocupo e incluso que veo abismado en la infinita inmensidad de los espacios que
ignoro y que me ignoran), me espanto y me asombro de verme aquí y no allí, porque
no existe ninguna razón de estar aquí y no allí, ahora y no en otro tiempo.
¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por orden y voluntad de quién este lugar y este
tiempo han sido destinados a mí?
*
Nunca miro lo que pinta hasta que ella me lo enseña
pero me gusta mirarla mientras trabaja. Me gusta observarla. En lo que me fijo
es en cómo son sus movimientos y su respiración, encerrada en sí misma y por
ello lejana, pero físicamente presente. Se podría decir que la estudio. Es como
un reto tratar de adivinar los músculos de su espalda en movimiento, cómo se
tensan o aflojan bajo la raída camiseta azul que se ha puesto para trabajar.
Los rígidos tendones del cuello aparecen y desaparecen a cada gesto. Cómo será
el próximo movimiento.
Siento que algo se invierte de una forma que tiene
sentido y resulta adecuada cuando ella, la artista, se convierte en mi modelo,
en mi objeto de observación.
Junto a su cuerpo, sobre el giradiscos da vueltas un
vinilo pero a un volumen tan bajo que se hace casi imposible distinguir lo que
suena. La luz convierte el disco en un líquido negro que se desliza hacia
ninguna parte. Es oscuro y refulje igual que un traje de cuero.
*
La
nave seguía unida al recinto por medio del túnel plástico de enlace. Al oír el
sordo ruido que producían sus propias pisadas, Joe se preguntó: ¿Será verdad
que nos dejan escapar? ¿O nos están esperando en la nave? Es como si jugase con
nosotros algún poder cargado de malicia, dejándonos corretear alocadamente como
ratones sin cerebro. Le servimos de diversión; nuestros esfuerzos le
entretienen. Pero cuando hayamos llegado demasiado lejos, cerrará el puño sobre
nosotros y arrojará nuestros restos estrujados a la cinta transportadora.
*
La habitación en la que nos encontramos no está
especialmente desordenada pero la moqueta apesta. Yo no vivo aquí. Vivo en una
buhardilla alquilada y enana, con tabiques finos como papel. En otra ciudad. Un
cuarto piso sin ascensor. En otro país. Sin embargo, llevo veinte días sin
salir de esta casa de San Juan de luz. No creo que pudiera explicar por qué.
4
Es de noche. Circula deprisa, mirando con atención
las indicaciones pero haciendo caso omiso de las señales de tráfico, frenando
con brusquedad justo al llegar a cada una de las rotondas que salpican el
laberíntico camino hacia Soustons. Algunas casas tienen la luz encendida, en
realidad muy pocas. Esta zona de Las Landas no tiene mucha población
permanente. Muchos de los bungalós y apartamentos sólo se ocupan durante los
periodos vacacionales y los fines de semana. Esa es una de las razones por las
que ha elegido venir ahora, por la posibilidad de encontrar este paisaje
todavía más desolado de lo habitual, más parecido a un océano. La oscuridad en
mitad del océano, empieza él a pensar, está debajo de uno, más allá del barco,
de la sólida cinta en que termina su casco. En el atardecer oceánico el cielo
permite entender la redondez de la Tierra, pues todo parece extenderse en
círculos en torno a uno. Allí, la luna y las estrellas o las nubes no son freno
para la luz. Es el abismo inexpugnable que se extiende debajo, más allá de
oleaje y crestas de espuma, más allá de las algas fosforescentes, más allá del
brillo plateado de los peces voladores, lo que alberga una oscuridad de siglos.
*
Se denomina océano a la parte de la superficie
terrestre ocupada por el agua marina. Se formó hace unos 4000 millones de años
cuando la temperatura de la superficie del planeta se enfrió hasta permitir que
el agua se encuentre en estado líquido. Grandes extensiones de tierra que son
los continentes y archipiélagos dividen el
océano en cinco partes que, a su vez, también se llaman océanos: Pacífico,
Atlántico,
Índico,
Ártico
y Antártico.
Estos océanos cubren el 71 % de la superficie del planeta Tierra, siendo el Pacífico
el mayor de todos.
La profundidad de los océanos es variable dependiendo de las zonas pero resulta
escasa en comparación con su superficie. Se estima que la profundidad media es
de unos cuatro kilómetros. La parte más profunda se encuentra en las fosas
marinas, entre las que destacan:
Fosa
Challenger o de las Marianas, Océano Pacífico
(Sur de Islas
Marianas). 11034 metros.
Fosa de Tonga.
Océano Pacífico (NE Nueva Zelanda).
10822 metros.
Fosa del Japón.
Océano Pacífico (E Japón).
10554 metros.
Fosa de
Etcétera.....
5
A ella no le importa que tome estas notas, me lo ha
dicho. Lo único que me pide es que no mire las obras hasta que están
terminadas. Cuando trabaja yo no hablo. No sé muy bien por qué estoy aquí pero
estoy bien en esta casa y no tengo otro sitio donde estar. Generalmente me
encargo de hacer la compra y de preparar la comida y la cena. Algunas veces,
después de cenar, cuando ella no tiene que trabajar en el turno de noche, vamos
a la playa a mirar el mar y ella me pide que le hable del océano y de los
viajes que he hecho en barco. No paseamos por la playa. Vamos directamente
hasta una zona poco iluminada donde no suele haber nadie y nos sentamos en la
arena. Tampoco miramos las estrellas ni cómo las olas llegan, débiles y sordas,
a la orilla. Sólo contemplamos el mar a lo lejos. Los dos sabemos que los
reflejos de las luces de los barcos, de la luna o las estrellas ponen en
evidencia la profundidad insondable del monstruo, su carencia de alma y su
secreto.
*
Los
astrónomos han descubierto en la zona del cosmos denominada Cefeo una estrella
naciente rodeada por una esfera de una perfección de uno entre mil. La esfera,
de tan sólo treinta y tres años de edad, aumenta su volumen a una velocidad de
32.000 kilómetros por hora. En el momento de ser avistada por vez primera por
un radiotelescopio tenía una vez y media el tamaño del sistema solar y estaba
compuesta básicamente por vapor de agua e hidrógeno. Es una burbuja esférica
que, con tales gigantescas dimensiones, crece y crece sin freno a una distancia
de 2.000 años luz del planeta Tierra y sin que un átomo se desvíe de lo que
parece un plan trazado de antemano.
Los
especialistas encargados de estudiarla nunca han visto algo parecido. Su
singularidad contradice cualquiera de las más arriesgadas hipótesis existentes
hasta este momento sobre la formación de estrellas. Sabido es desde hace tanto
tiempo que ya se ha divulgado entre muchas personas sin formación científica ni
astronómica, que, en el momento de originarse, cualquier cuerpo celeste
desprende enormes cantidades de materia hacia su área periférica inmediata,
pero jamás...
6
Detiene el coche donde arranca el sendero forestal.
Saca un cigarrillo mientras camina por el diminuto arcén de la carretera. Lo
enciende y después mira hacia arriba buscando los pequeños puntos de luz de las
estrellas. Pero el cielo está encapotado y no puede ver otra cosa que el ligero
rubor de una luna que se le insinúa. Un bloque de pinos se presenta ante él
como un ejército de sombras, un batallón al que pasar revista. Aquí la
oscuridad está encima y debajo, piensa, la noche lo rodea todo. Recuerda ahora
los paseos por los pinares con su padre cuando él era niño. Aquella humedad
mansa de la primera mañana. El sonido amplificado del crujido de cada paso, de
cada roce con los arbustos, del canto de los pájaros.
*
Piensa que debería volver y arrancar el coche, pero
en lugar de eso enciende otro cigarrillo y comienza a andar hacia el interior
del bosque. Como si una fuerza ajena a sí mismo moviera sus piernas agotadas.
De pronto, el recto camino forestal le recuerda al paso del zoológico por el
que se llegaba a su pequeño despacho, junto a la jaula de los osos. Sonríe para
sus adentros, con abierta fealdad, y comienza a sentir frío. Se sale del
sendero forestal para extraviarse entre los pinos. Una nueva necesidad le lleva
a estar solo entre los árboles, a adelantar el anhelado momento de la completa
soledad eterna. Poco importa ya lo que le sirviera de excusa para venir hasta
aquí. Camina sin rumbo, sin deseos, escuchando sus propias pisadas con la
atención de un soldado que teme la emboscada del enemigo.
7
¿Cuál es el sentido de nuestro tránsito? Desde que
estoy aquí a menudo me hago tal pregunta. Y me da por pensar que no hay más
sentido que la posibilidad de ser. Que la vida es una preciosa y anticuada caja
de música que da vueltas haciendo sonar su melodía, mientras sobre ella gira
una bailarina de porcelana. La melodía es siempre la misma. Si se trata de dar
vueltas en torno a lo mismo, ¿cómo puede la vida parecernos tan valiosa y
delicada? Puede ser que el gran error que cometemos esté en no darnos cuenta de
que no sólo no hay lugar posible al que podamos escapar. Que en el fondo no hay
nada de lo qué escapar. Ella sigue pintando. Con tranquilidad enciendo un
cigarrillo. El bosque es grande pero está cercado.
*
Tierras húmedas estancadas en horizontes
completamente planos, un pinar y otro pinar rodeándolo todo pero sin terminar
de ahogar los espacios de campiña, dejando aquí y allá retales de prado o de
tierra de labor abandonada, como si una tijera hubiera tenido misericordia, la
costa y el mar gris casi siempre agitado, con sus fondos falsos y rocalla, no
están lejos de las casitas, “La Nuit”, “Petite Caroline”, “California”, “Carla
Bruni”...
Buscó cierta posibilidad de calma, sin fruto.
Tierras húmedas, hectáreas y hectáreas, máquinas
excavadoras, señales de obras en la carretera, cimientos de hormigón para
nuevos puentes y desvíos y un paisaje teñido de ese verde aterrador bajo el
cielo grisáceo, inoportunamente invernal. Y el sin fin de árboles enormes que,
sin acabar de asfixiarlo todo, consiguen multiplicarse en la cabeza hasta que
uno puede imaginarse cada pequeña aguja de las que conforman la impresión de
volumen de su masa, del color, del espacio que ocupan con las primeras
claridades del día.
8
Es pasado mediodía y el sol entra oblicuo por la
ventana. Me entretengo observando las luces y sombras que se proyectan en la
pared, el capricho de su ortografía, el encuentro de la materia con esa
claridad lechosa. Desde hace rato ella está menos activa. Parece limitarse a
hacer pequeñas correcciones en las uniones entre los diferentes lienzos de
distinto tamaño sobre los que ha estado pintando estos días y que finalmente ha
ensamblado en una sola pieza.
Sobre todo se dedica a mirar desde distintos ángulos,
acompañando sus comprobaciones con suaves gruñidos con que enmascara su
satisfacción. Abro el tragaluz del techo, subido a una silla para asomar la
cabeza. El cielo se ha vuelto de un azul luminoso y la brisa trae olor a mar, a
algas.
*
Seré
tu espejo. Reflejaré lo que eres, en caso de que no lo sepas. Seré el viento,
la lluvia y el atardecer, esa luz en la puerta que indica que has llegado a
casa. Cuando pienses que la noche se ha instalado en tu cabeza, que en el fondo
eres retorcido y cruel, deja que me quede para mostrarte que estás ciego.
Por
favor, baja los brazos, que ya te veo. Encuentro difícil de creer que no sepas
lo hermoso que eres, pero, si no lo sabes, déjame ser tus ojos, una mano a la
que te agarres en la oscuridad para no tener miedo.
Seré
tu espejo. Reflejaré lo que eres, en caso de que no lo sepas.