Todo lo que soy, lo llevo encima.
El hambre, el cansancio, la música. (Incluso hoy, la soledad).
En una ciudad extraña camino hacia un techo ajeno.
Hoy mi casa fue una banca, un árbol y la brisa,
luego una biblioteca y por último el "Frida".
Guadalupe, Estívaliz y Ornella.
Comimos tesis y personas suicidas,
lloramos hombres y pasados desusados
que llenan nuestras vidas de dudas inciertas y destinos grises.
Ya es de noche.
En una cama dura de insomnio y palabras necias,
cierro los ojos,
descanso bajo el único lugar que reconozco mío:
el techo eterno de mis propios párpados.