por Rafa Carazo - Indyrock y loop bar & records
El éxito en tiempos de crisis no está al alcance de cualquiera. Crisis es una coyuntura de cambios que tienen impacto en una realidad organizada pero inestable y sujeta a evolución. La crisis no ha acabado con el circuito de festivales, simplemente ha puesto a cada uno en su sitio. En su merecido sitio. Las cifras que facilita la organización del Primavera Sound se sitúan en los 80.000 asistentes (60.000 se cifraron en 2008). Un éxito. Los cambios críticos, aunque previsibles, tienen siempre algún grado de incertidumbre en cuanto a su reversibilidad o grado de profundidad, el Primavera ya tiene la certeza de estar más que afianzado, este año podría haber sido nefasto, el jueves ya se temía lo peor, muchas colas, mucha gente y deficiencias logísticas fruto del comprensible afán recaudatorio pero finalmente las incomodidades no pasaron a mayores y el resultado artístico vuelve a ser incomparable. Un año más el Primavera marca su ritmo. Si los cambios son profundos, súbitos y violentos, y sobre todo traen consecuencias trascendentales, van más allá de una crisis y se pueden denominar revolución. No la hay, por el momento, sólo hay crisis pero ésta no acaba con el Primavera Sound., sólo contribuye a una lógica selección natural.
La definición clásica de crisis habla de un momento en el que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Bajo esta premisa se demuestra que en el universo musical la crisis es estrictamente económica y de soportes (ipod, mp3, itunes, spotify, myspace, cds, vinilos…) pero en ningún caso de talento creativo. Los viejos no solo no mueren sino que están más vigentes que nunca y los jóvenes vienen con una fuerza demoledora. Hay nivel, hay opción, hay variedad y, sobre todo, hay gente dispuesta a consumir el pastel. Y gente iniciada, con enormes conocimientos musicales, fruto de esta era de las nuevas tecnologías.
El Primavera Sound sigue a lo suyo. Sigue innovando y sigue recuperando clásicos. Este año la tendencia (imposible resistirse al símil de la pasarela de moda) es el ruido. Llámenlo como quieran experimental, innovador u ortodoxo, pero ruido al fin y al cabo. Las melodías no encuentran mucho hueco aunque en un cartel de más de 180 grupos hay espacio para cualquier estilo o género ligado al pop, el hip hop, el rock, la experimentación, la electrónica o el clasicismo del magnífico Michael Nyman.
Las señas de identidad se agudizan cada año, se graban a fuego: paulatino abandono de los hypes británicos para bucear en el indie norteamericano y en la experimentación venga de donde venga, media de edad más alta que en otros eventos de similares características, estilo de publicidad con marca propia, artistas seleccionados por su calidad sin aprovechar los tirones y latigazos propios de la industria. Aunque este año la marca Neil Young otorga al evento un nuevo cariz, nunca un nombre había tenido tanto peso en el cartel, nunca una actuación había paralizado los otros escenarios, nunca el Primavera Sound se pareció tanto a un macrofestival al uso. Pero el órdago hizo ganar el juego, la vaca y la partida.
Además hay que destacar el incomparable marco que ofrece el Fórum a todas estas actividades musicales. Cinco escenarios al descubierto en un paisaje marítimo y urbano. Si bien, por primer año se encontraron defectos de funcionalidad debido a la cantidad de papel vendido, la amplitud no impidió algunas aglomeraciones. Si bien todas las propuestas tuvieran su espacio, su encanto y su peculiaridad. Dos escenarios grandes: Rockdelux y Estrella Damn (uno con forma de templo romano, el otro ovalado con estética más futurista que ha retrasado su posición para acoger a más gente en su seno) y tres medianos (ATP, Ray-Ban VICE y Pitchfork). Y atención a estas colaboraciones porque pueden hacer muy grande a este festival, por tercer año consecutivo se produce la relación entre Primavera Sound y el prestigioso festival All Tomorrow..s Parties. Citemos los antecedentes. El festival All Tomorrow..s Parties nace en el año 2000 con una original idea: una persona o grupo confecciona el cartel del festival, ya lo han hecho Matt Groening, Thurston Moore, Shellac, Tortoise, Mogwai, The Shins, Modest Mouse, Vincent Gallo o, en este 2009, My Bloody Valentine. Ahora este singular festival colabora con el Primavera Sound y lo hace seleccionando los artistas que actúan en el escenario ATP; pero la otra colaboración también reporta beneficios de prestigio y, sobre todo, mediáticos, la web de Chicago Pithforkmedia es la Biblia de la música independiente, cada vez recibe más visitas causa del merecido prestigio que tiene su redacción de desfondarse el la inagotable tarea de descubrir talentos y, lo que es más difícil, calificar a propios y extraños.
Mención aparte merece la majestuosidad del Auditori aunque siempre genere la controversia su aforo limitado, aspecto sobre el que no nos detendremos puesto que cuanto más se hable más se cuestionará la oportunidad de un escenario a todas luces imprescindible. Por si todo eso no fuera suficiente se realiza el esfuerzo de acercar el festival a la ciudad con conciertos gratuitos en el Parc Joan Miró.
Pero no todo son virtudes y convienen ejercicios críticos. Cuenten los grupos españoles que hay en el cartel y si encuentran alguno (hagan el esfuerzo que sí que hay alguno) observen su horario vespertino. Sí, no se extrañen de la cantidad de asistencia extranjera cuando ciertamente parece un cartel hecho a su medida. Caben dos lecturas; una, la que se ampara en el concepto de ciudadanía europea, ya no importa el origen, nos une una identidad común que nos permite vibrar con los mismos espectáculos, Barcelona como ciudad cosmopolita y abierta a Europa canaliza una propuesta de máximo nivel que coloca España en la vanguardia cultural; y la otra, en la que nos situamos (que no anula la primera sino que la complementa), dejar los complejos patrios, darle mayor protagonismo a lo nuestro, máxime cuando las propuestas son en ocasiones tan válidas como las foráneas, máxime cuando el underground español está en uno de sus mejores momentos en cuanto a calidad y creatividad se refiere, máxime cuando todos los géneros presentes en el festival los encontramos en España a un nivel altísimo (y eso que los grupos patrios no tienen el poso de experiencia que otorgan más de cien conciertos al año como los británicos o americanos), máxime cuando lo único que nos falta es un escaparate como este para que se cuente realmente con nuestra escena. Otra oportunidad perdida.
A continuación un análisis de lo vivido:
JUEVES
LA BIEN QUERIDA
La revelación dulce y melancólica del indie patrio (la revelación casposa es Joe Crepúsculo) hizo su puesta de largo en una gran cita y lo hacía acompañada de una pintoresca formación que vistió las canciones de “Romancero” (Elefant Records, 2009) que son bonitas a reventar por sí solas. No necesitan ni los desafortunados coros de David Rodríguez (Beef, La Estrella de David), ni los duetos con Joe (chuleta incluida para tres frases) en “A.D.N.”. Destacaron “De momento abril” y “96” que precedió Ana con la frase “Hay una polémica” refiriéndose a si la canción merece un envoltorio discreto como tenía en la maqueta o el ostentoso embalaje electro chicle que posee en el disco, la respuesta ni para unos ni para otros, rock.
THE BATS
En un festival (y en una época) en que el pop comienza a parecer una especie en serio peligro de extinción se agradece la presencia de clásicos inmortales como The Bats. Lo mejor del pop de melodías clásicas con un toque de power pop y la experiencia que dan más de un cuarto de siglo de carrera hacen que las composiciones de los neozelandeses adquieran un valor incalculable. La guitarra de Kaye Woodward marca las melodías y siempre encuentra nuevos espacios de acción al margen de la línea vocal. Rescataron clásicos como “North by north” o “Afternoon in bed” pero donde realmente conmovieron fue en las seleccionadas de sus obras del siglo XXI que están entre lo mejor cosechado por el género. No hay quien no quede deslumbrado por el sol que desprende “Up in the sky”.
THE VASELINES
Hay grupo que tiene más mito que trabajos realizados. Este es uno de ellos. Su leyenda trasciende fronteras y todo se debe al malogrado Kurt Cobain que los citaba continuamente como influencia e interpretó en el “MTV Unplugged in New York” del “Jesus doesn..t want me for a sunbeam” (si bien no fue la primera vez que acudió a su repertorio pero sí la que tuvo una mayor repercusión).
Sin embargo la corta historia de The Vaselines tiene un puñado de canciones memorables que empaparon el escenario ROCKDELUX. Pop casero, sin pretensiones y lleno de melodías soleadas. “Son of a gun” sonó tan inocente y primitiva que empatizaba directamente con la numerosa audiencia, y el final con “You think you..re a man” sonó a auténtico himno. Escocia siempre tiene algo más que añadir, aunque parezca tarde.
YO LA TENGO
Para empezar 10 minutos de distorsión de guitarra sobre un ritmo cíclico de batería y bajo. Para acabar 10 minutos de distorsión de guitarra sobre un ritmo cíclico de batería y bajo (“Blue line swinger”). En medio sí hubo más chicha donde cortar, exquisitos medios tiempos, zambullidas pop y coqueteos con el soul.
El primer dardo lo lanzaron con “Stockholm syndrome”, bajaron la pegada con “You can have it all” (ante su elogiable negativa a incluir samplers siempre desnudan este tema en directo), rozaron la perfección con “Mr. Tough” y dejaron caer alguna canción nueva del disco que verá la luz en septiembre.
Las voces no sonaron tan nítidas como debían y fue un concierto de claros altibajos. Puede que no salieran por la puerta grande y que no merecieran un bis (aunque lo dieron para rescatar su “Sugarcube”) pero ver a Ira Kaplan a la guitarra y al Nord G2X, ver a su mujer Georgia tocando la batería y cantando o escuchar “Tom Courtenay” siempre obtendrá una nota alta.
PHOENIX
Uno de los grupos más inclasificables de la actual escena independiente. Valen muchas palabras, sirven muchos adjetivos. Es pop, hasta ahí no hay duda. Es synth pop, nadie se opone. Es fresco, ameno. Pese a usar el idioma universal del pop no sólo no enmascaran sino que explotan su deje francés (que les acerca a Daft Punk).
Fue un concierto de vuelta a los singles, a lo concreto y a la diversión. Llenaron el espacio con energía, vitalidad y desenfado. Portentosos juegos vocales con un Thomas Mars entregado. Pop hedonista y electrónico para unas consistentes canciones. Sólo perdían el norte en unos desarrollos poco afortunados que exploraban ritmos vacíos sin conseguir cuajar. Arrancaron con “Lisztomania” y “Long distance call” para poner su pica y el sexteto acabó de imponerse con “Lasso”, “Consolation Prizes” (su mayor joya) e “If i ever feel better”. Cerraron con lo mejorcito del nuevo trabajo “Wolfgang Amadeus Phoenix” (EMI, 2009) la expansiva y arrolladora “Rome” un ejemplo perfecto de sus recargadas y a la vez ligeras estructuras.
MY BLOODY VALENTINE
La expectación era evidente. ¿Momento cumbre de la noche?. ¿Momento cumbre del festival?. My Bloody Valentine iba a hacer su primera aparición de las dos programadas, la única destinada para todo el público ya que la mayoría de los asistentes descartó la posibilidad de conseguir entrada para el día siguiente en el Auditori.
El año pasado este papel de repetir le tocó a Portishead que cerró el expediente con sendas matrículas de honor. My Bloody Valentine suspendió fuera (con creces) y parece ser que aprobó dentro (no estuve allí para dar fe).
Ya en la puerta se repartieron tapones para los oídos advirtiendo que el sonido sería atronador, aunque al público se tomó el obsequio con sorna, como si regalaran gafas 3D para mayor disfrute del espectáculo. Así que pese a la expectación y a la parafernalia no se confirmó, no pudo ser.
My Bloody Valentine tiene en su nómina dos discos y el prestigio de su alma mater Kevin Shields pero esos trabajos se sustentan en una sensibilidad única plagada de matices que recurre en ciertos (muchos) momentos a la distorsión ruidista. De ahí a considerar que My Bloody Valentine deba reinventarse a base de ruido difuso y para nada cristalino hay un mundo. Era un cañón de sonido injustificada. Amplificadores cumpliendo a rajatabla su función, desafiando las leyes naturales, pero sin finalidad concreta. Como una película borrosa, como un cuadro visto sin distancia. Ruido injustificado. Ruido inútil.
THE HORRORS
Mucho se ha hablado del nuevo trabajo de estos ingleses. Parece ser que "Primary Colours" (XL Recordings, 2009) ha abierto paso a una nueva era, dejando atrás sus canciones hipervitaminadas y su punk de garaje. Manteniendo su encanto basado meramente en la estética, en su pastiza originalidad, en la imagen y en el atractivo de lo oscuro buscan en lo musical atmósferas más elaboradas y caminos menos urgentes. No se vio nada de eso.
Sin embargo este grupo, que dedicó sus primeros años a estudiar cada uno de su gestos, a epatar con sus declaraciones, a poner patas arriba sus conciertos, a sembrar polémica para abrirse espacio en las publicaciones y a fomentar el qué dirán, no ha hecho todavía suficientes méritos musicales como para ganarse un hueco en la hiperpoblada escena. Y en el Primavera estuvieron mal por mucho que hayan cambiado el tono.