
Ciertamente, no es la muerte que hubiese elegido, dada la posibilidad imposible de elegirla. Porque era, ante todo, un hombre discreto, casi retraído (sin ser huraño, sino todo lo contrario, abierto y generoso, quizá in extremis) y no hubiera querido molestar a nadie. Fue, sin embargo, de lo más apropiada, cuanto menos propicia: en el estrado, con las barbas puestas.
El lunes pasado (02.03.09), falleció quien se consideraba, por todos nosotros, el padrino de la música irlandesa en Barcelona, en plena sesíun (tomando, supongamos, un respiro entre set y set para saciar su sed, o tal vez un colillatazo final, qué se yo, que no estuve).
Candela tipo, desde el tiempo de los tiempos conocidos, fue nuestro tío Molloy, crucial en nuestras denostadas vidas dijéramos musicales.
Talmente cruzada- más a menudo que no vía crucis- el periplo comienza por el (vergonzosamente derribao) bar cuitat vella, pasando la pasión al ya difunto clansman, la cervesera artesana, flaherty’s, el celtic cross de vida breve, el michael collins y en fin allá donde hubiera afición, o sencillamente se nos tolerase, marcando el compás de una sinfonía sin fin. Todo esto al margen de múltiples proyectos, grupos y demás colaboraciones (An Triur, Timber & Tin, Nights around the table, Claddagh Ring Dancers; Los Stompers le estamos especialmente agradecidos por su intervención en todas nuestras grabaciones).
Músico consumadísimo sin pretensiones, entusiasta infatigable, siempre dispuesto a echar una mano, romper una lanza o tirar un arco, nos sirvió de mentor e inspiración pero sin aires (que no fueran melosos) ni condescendencias.
Y nos sigue sirviendo como ejemplo, que en esta vida hay que comer mucha mierda, pero sin abono no crecen flores. A lo largo de una vida consagrada a la difusión y divulgación (en el mejor sentido de la palabra, tú cuida del sonido y el sentido se cuidará de si mismo) de la música demótica, nos ha dejado un recuerdo entrañable, un legado incalculable, en deuda impagable y con un reto implacable -de seguir en la brecha y encender la mecha, aunque nos chamusquemos en el proceso.
Vale tío, te echaremos de menos.